TESTIMONIO DE UNOS VOLUNTARIOS

¡Estimado amigo!

Sí te escribimos a tí, sí, sí, no pases de página, a ti, que desconoces cómoDSCN0792 son en general los internos, es posible que conozcas a alguno, que hayas compartido algo con algún preso alguna vez, o incluso que hayas sido víctima de algún delito…

Te invitamos a leer estas palabras con cariño. Queremos romper abiertamente los tópicos y las ideas formadas y deformadas que existen sobre el hecho penitenciario; déjanos contarte que los presos no son tal y como piensas. Seguramente tengas una idea ya preconcebida de lo que te hablamos; pero, ¿no hay en esa manera de pensar demasiados tópicos?

Pretendemos contarte lo que hemos ido haciendo durante estas últimas tres semanas en uno de los talleres que se imparten por Pastoral Penitenciaria en los módulos de RESPETO del C.P. de Jaén II, además te pondremos algunos pasajes del Evangelio, aunque a veces te cueste ver la relación que puedan tener, a los voluntarios nos ha servido como inspiración, principio, como fuente de vida, y también como impulso. Esperamos pues, que pueda cambiar la visión que tienes sobre las personas privadas de libertad, ojalá que consigas ver detrás de estas líneas, más allá de lo que está escrito.

 

¿Quién dice la gente que soy yo?

Es esta la pregunta que Jesús le hace a sus amigos antes de instarlos a responder quién era Jesús para ellos. Ante esta interpelación, los evangelios cuentan que los discípulos respondieron que la gente opinaba que Jesús debía ser Elías; o quizás un profeta; o Juan, el Bautista. A las personas les costaba reconocer quién era Jesús. Lo mismo sabemos que pasa hoy, a las personas nos cuesta reconocer quién es Jesús. En otros pasajes del Nuevo Testamento podemos encontrar una visión distinta, pues muchos contemporáneos de Jesús opinaban y decían que Jesús era un buen bebedor de vino, un comilón, que andaba en malas compañías, que comía con personas de dudosa honestidad, que no observaba las reglas, etc.

Muchas veces, “la gente” tiene una idea equivocada o desconoce quiénes son “los presos”, como ya hemos expresado. Hay también quien no ha escatimado en insultos hacia ellos. Pero junto a estos, también hay otros que son capaces de reconocer valores muy positivos en ellos: personas que no dudan en acercarse a visitar al familiar que cayó preso o ese amigo que cometió un error, gente que no duda en responder a una carta, en recibir con los brazos abiertos al hermano…

Durante tres días, en el curso, los voluntarios y los internos hemos ido pensando acerca de cómo somos, qué valores transmitimos a los demás, qué opinan los demás de nosotros y cómo nos afecta más o menos depende de quien nos lo diga, qué virtudes nos gustaría tener, etc. Para ello te explicamos lo que hicimos en la primera reunión, y más abajo, lo que pasó en las siguientes reuniones:

El primer día comenzamos escuchando la canción “Esta soy yo” del Sueño de Morfeo, y después estuvimos hablando sobre lo que los demás “Dicen que soy”; y lo que realmente somos (“Este soy yo”). Más tarde, tras un rato de pensarlo bien, pusimos por escrito aquellos valores que teníamos y después, aquellos valores y contravalores que hemos escuchado a los demás tanto para bien, como para mal. Junto a estas palabras puedes ver el cartel que hicimos, en la imagen se observa un gran muñeco y muchas cosas escritas, te iremos explicando qué significa cada cosa, y por si acaso no lo ves bien, te lo dejamos escrito cuando proceda. Así, dentro del muñeco, anotábamos los valores que tenemos; fuera del muñeco, en el espacio libre exponíamos aquello que habíamos escuchado de los demás. Te transcribimos aquí algunas de las líneas de lo que hay escrito dentro del muñeco:

  • Soy una persona bondadosa.
  • Soy responsable, trabajador, servicial, empático.
  • Muy estricto con mis obligaciones.
  • Intento ser sereno, cuidadoso, tranquilo y sensible.
  • Tengo afán de superación y afán por cambiar.
  • Mi corazón es muy grande. Soy valiente, sensible,…
  • Soy quien quiero ser, una persona con un profundo sentido de la amistad, alegre, creativo.

 

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Pero tras la pregunta inicial, Jesús les interpela directamente a ellos, ¿Y vosotros, quién decís que soy yo?… Uno de ellos, Pedro, se adelantó y respondió directamente, sin dudas; “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”.

A la semana siguiente, en el segundo día, después de haber realizado la actividad anteriormente explicada, los voluntarios propusimos a los internos que escribieran en un poss-it naranja aquellas cualidades que reconocían en cada uno de sus compañeros, pues después ya de siete u ocho meses de curso, ya nos conocemos bien. Les propusimos, por tanto, que respondieran a la pregunta: “y vosotros, ¿qué valores ves en… (y el nombre de su compañero)?. En esta ocasión, muchos pudimos descubrir algunas virtudes que otras personas son capaces de reconocer en cada uno. La sensación general fue más que positiva. En el cartel del monigote pegamos aquellos valores más nos había sorprendido recibir, tal y como puedes comprobar, pero por si no puedes leerlo bien, te indicamos aquí algo de lo que allí está escrito:

  • Auténtico.
  • Transparente.

  • Alegre.

  • Atento.

  • Empatía.

  • Responsable.
  • Con sentido del humor.

  • Con afán de superación.
  • Que vive y transmite valores muy positivos.

Quiero ver…

Un día, según cuenta el Evangelio, estaba Jesús entrando a una ciudad, la gente se agolpaba en torno a Él, un hombre ciego a lo lejos le gritaba a Jesús que tuviera compasión de él. Algunos de los que iban con Jesús le increpaban para que se callase, otros le animaban a gritar más fuerte. Jesús terminó por darse cuenta, y lo llamó. Este ciego, dio un saltó dejando atrás sus seguridades para acercarse. Jesús le preguntó: ¿qué quieres que haga por ti? El ciego respondió: “Quiero ver”.

Seguramente, a muchos nos cuesta ver más allá de nosotros mismos , estamos tan centrados en nuestros problemas que eso nos impide ver. Los voluntarios del taller llevamos en este último día, una escena de la película “Patch Adams” que se desarrolla en un psiquiátrico, en ella, una persona se acerca al protagonista (Patch Adams – Robin Williams) gritándole qué cuántos cuantos dedos puede ver, enseñándole una mano con cuatro dedos mientras un enfermero increpa “al loco” para que no moleste. Más tarde, Patch Adams se dirige hacia la habitación del que le hace esta pregunta porque quiere conocer la respuesta. No te cuento más, puedes verla tú mismo: http://www.youtube.com/watch?v=dZzC2fNHDlI

Después de ver la escena y de hablar sobre la misma, en esta tercera reunión, repartimos unas manos con cuatro dedos, en la que todos indicaríamos que valores no tenemos y querríamos tener, es decir aquellas cosas que nos harían mejores personas de lo que somos, lo que nos haría estar más felices con nosotros mismos, aquello que nos haría crecer. Tuvimos un rato para pensarlo bien, lo escribimos y los pegamos en el cartel sobre el que veníamos trabajando; pero con la condición de que esa mano, tapara aquellas cosas que escribíamos la primera semana fuera del monigote, es decir, cubriendo aquellas frases que otras personas nos habían dicho sobre como éramos. Pegar nuestras manos así, es también una forma de expresar que queremos seguir creciendo, que queremos aprender a ver el mundo de forma nueva cada día. ¿Quieres saber que pone?

  • Quiero saber estar a la altura.
  • Calma. Tranquilidad.
  • Empatía.
  • Capacidad de escucha y atención.
  • Comprender.
  • Valorar a las personas que me ayudan.
  • Abandonar el conformismo y la pereza.
  • Confiar en la gente.
  • Transmitir las ganas de estar con la familia.
  • Recuperar mi yo.
  • Ser una persona normal.
  • Transmitir paz.
  • Recordar más las cosas buenas que las malas.
  • Dar más cariño a la familia para que sea recíproco.
  • Cuidar la forma de contestar.
  • Honestidad.
  • Perseverancia.

 

 

Quizás las palabras sean eso, palabras, y en estas frías líneas no transmitan el realismo con la que fueron escritas, y con las que fueron explicadas en su momento. Palabras cargadas de sentimientos, de buenos anhelos, de esperanzas, de sueños, de perdón y de necesidad de sentirse perdonado. Palabras que llevan al compromiso, que acercan a la verdad.

Ahora te lo preguntamos a ti: ¿cuántos dedos ves?

Nada más, muchas gracias por leer este trocito de vida. E-T-S