REUNIONES

QUE SE HACE EN LAS REUNIONES

 Me piden que comparta mi experiencia de las reuniones que los voluntarios/as del programa de Pastoral Penitenciaria, tenemos mensualmente, y lo primero que me brota del corazón son palabras como  AGRADECIMIENTO, ENRIQUECIMIENTO, FORTALEZA EN LA FE, EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU.

No son reuniones como podrían ser las de un claustro de profesores,

 donde se programa, aunque también programamos,

 donde se evalúa, aunque también evaluamos,

donde se adquieren conocimientos, aunque también los adquirimos

 donde hay una preparación seria, que también la tenemos.

Son reuniones donde además,  se experimenta el sentido de Iglesia, no sólo porque participamos en un proyecto de pastoral penitenciaria de la diócesis de Jaén, que también, sino porque colaboramos  personas, que perteneciendo  a diferentes grupos eclesiales, a organizaciones de diferentes tipos, solteros, matrimonios, jóvenes, jubilados, profesionales de la salud, de la educación, y de otros muchos campos,  hay, sin embargo,  una gran sintonía entre todos, porque nos sentimos unidos en una misma misión, intentando vivirla al modo de Jesús.

En las reuniones se comparte mucha vida. Nos vivimos como una familia, voluntarios y prisioneros. Un día, uno de los presos, hoy en libertad, nos decía dirigiéndose a los voluntarios “vosotros sois mi familia” y yo en los dos años que llevo de voluntaria, puedo decir en verdad, que los siento “mi familia”, por el cariño que ellos derrochan ante nuestra presencia y el que llegamos a sentir hacia ellos.

En las reuniones se comparten alegrías, se comparten sufrimientos, se comparten preocupaciones… Y  se organizan fiestas  para celebrar la  puesta en libertad de algunos prisioneros.

De estas reuniones, yo destacaría sobre todo, lo que para mí ha sido la experiencia más fuerte y es que oración y vida se entrecruzan constantemente. La vida la llevamos a la oración y la oración se nos hace vida.  Con frecuencia empezamos la reunión con alguna experiencia vivida en la cárcel, con una carta de un preso, con alguna preocupación, con alguna alegría, con algún rostro en concreto, y esa experiencia se ilumina con la Palabra de Dios.  Es una experiencia que a mi personalmente me ha cogido muy a fondo.

Una vez me preguntaron: ¿Cuántas horas semanales dedicas a la cárcel?. A mí aquello me sonó como si a una madre  le preguntaran ¿Cuántas horas dedicas a ser madre?. Es una experiencia que se lleva en el corazón y que no se puede contabilizar en horas.

Hablar de reuniones, hablar de prisión, hablar de encarcelados, hablar de voluntarios, es hablar de vida, de vida profunda y de vida en el Espíritu que nos anima y nos impulsa.

Quisiera terminar agradeciendo a D. José Luis Cejudo, el habernos facilitado todas estas experiencias que vividas a fondo, nos conducen a un modo de ser y de estar, siendo testigos de la vida y del ministerio de Jesús.

Mª Rosario Muñoz