Archivos de la categoría ACTIVIDADES EN EL EXTERIOR 2010-11

CONVIVENCIA EN ÚBEDA CON LA SAFA

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El día 12 de febrero, sábado, organizó la Delegación de Pastoral Penitenciaria una jornada de Convivencia entre internos de los Módulos de Respeto del Centro Penitenciario y profesores y alumnos de la Escuela Universitaria de SAFA en Úbeda.

Estos encuentros (tres al año) los venimos celebrando desde el curso 2008-09.

Dos jornadas giran en torno a un partido de futbol (ida y vuelta) y la tercera, en el santuario de Guadalupe, gira en torno a un jamón.

Esta primera jornada comenzó a las 9 de la mañana, saliendo en autobús desde la barrera del Centro

Paramos en Baeza para desayunar unos churros calentitos con chocolate.

En Úbeda nos recibió el grupo de la SAFA; curiosamente ellos estaban detrás de las rejas y nosotros en la calle, hasta que se abrió la puerta de acceso; pero las rejas no fueron un obstáculo para los primeros saludos cariñosos.

Después de una presentación de los reunidos, pasamos al polideportivo para el partido de futbol. El resultado quedó en mucha camaradería, cariñosos goles, algunas lesiones sin importancia y empate a cinco.

La comida fue la ocasión para iniciarse algunas conversaciones más personales entre un grupo y otro.

El postre helado lo tomamos en el patio, alternando con cantos, bailes y juegos.

La Convivencia la terminamos en la capilla, allí Nono y Dani nos ayudaron a caer en la cuenta de que gestos como los nuestros son la luz y la sal que necesita la sociedad para aprender a relacionarse con los encarcelados como personas, es más, como hijos de Dios, hermanos nuestros. Muy gráfica fue la expresión de uno de los participantes: Vosotros no sois “luz”, sois “una Central Nuclear”.

A la hora convenida (19’00 h.) volvíamos a entrar por la barrera del Centro con el corazón lleno de gratificantes experiencias.

 

 

 

SALIDA A BAEZA CON EL MOD 1

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“UN DÍA PARA RECORDAR”

Día 5 de junio, un sol radiante y una temperatura ideal.

Poco antes de la 10, ya estábamos preparados internos, funcionarios y voluntarios para iniciar nuestro viaje a Baeza. En el autobús, alegría, nervios, expectación…

Nos bajamos en la plaza del Pópolo y desde allí ¡a los churros! ¿Serían churros con alas? Las roscas ¡volaban! Algunos los mostraban como un preciado trofeo.

 Desde allí, guiados por José Luis, baezano que ama su tierra como pocos, hicimos la visita cultural, que bien vale la pena conocer esta ciudad Patrimonio de la Humanidad: plaza del Pópolo con los juzgados, antiguas carnicerías…; después, el ayuntamiento, ruinas de S. Francisco, un paseo por las murallas, vista del valle del Guadalquivir con un fondo de sierras salpicadas de pueblos; continuamos, siempre siguiendo al guía de lujo que tuvimos, al Instituto donde vimos el aula de Machado. Los internos, que son jóvenes, alucinaban con los pupitres, los mapas de hule… Desde allí a la plaza de Sta. María: la fuente, la Universidad Internacional y la Catedral. No pudimos verla por dentro: era caro y no merecía la pena por el tiempo tan ajustado, pues nos esperaban los hermanos de la Cofradía de la Vera Cruz que nos acogían junto con sus familias.

El encuentro fue en la iglesia de la Sta. Cruz, único templo románico que se conserva en nuestra tierra. Allí nos dio la bienvenida el Hermano Mayor y nos presentamos todos.

 Justo al lado, en la casa de la Hermandad, nos esperaba una comida variadísima y apetitosa, hecha con todo cariño para compartirla con nosotros. Fue un rato estupendo en el que todos hablábamos con todos, algunos internos contaban sus historias o preguntaban sobre la procesión y otras curiosidades. Éramos una familia feliz de encontrarnos y hablar de nuestras cosas.

 Después del postre (riquísimos “virolos”) vino el momento de sentarnos relajados y contar desde el corazón nuestras impresiones. Todos los visitantes coincidimos en agradecer a los anfitriones y funcionarios el haber podido disfrutar de tan magnífico día; hubo comentarios verdaderamente profundos: compartimos la mesa como Jesús, donde no hay excluidos ni diferentes. Esa es la construcción del Reino, como hijos de un mismo Padre y colaborando en derribar barreras y mitos sobre los presos.

Terminamos con guitarra, canciones… Un ambiente festivo.

 La culminación de la jornada fue la Eucaristía en la Sta. Cruz. Tanto las lecturas como los cantos giraron en torno a las cruces de Jesús y las nuestras que nos pueden llevar como a Él a la resurrección.

Luego vinieron las despedidas, fotos de grupo y al autobús, porque para la cena se había reservado en el restaurante “C. P. Jaén II”.

Buen viaje de vuelta y muchas ganas de hacer otra escapadilla.

VISITA A VILLANUEVA DEL ARZOBISPO

Visita con la Pastoral Penitenciaria a Villanueva del Arzobispo.

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POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA MORENO DESDE EL MÓDULO 3 DE LA PRISIÓN DE JAÉN.

Ha sido la excursión más concurrida de las tres a las que he asistido, así que en esta, mi tercera crónica, me resulta imposible recordar los nombres de las alrededor de 20 personas que salimos del centro penitenciario aquella soleada mañana de diez de abril. El padre don José Luís, junto a doña Emilia y su marido don Manuel, nos esperaban para realizarnos las protocolarias fotografías de grupo antes de subir al autobús.

A la altura de Mancha Real recogimos a dos matrimonios, voluntarios de Pastoral, que aún no nos conocían pues hasta el momento habían centrado en el módulo 1 (UTE) su generosa labor. Fue en Baeza, durante nuestro desayuno oficial (churros+chocolate) cuando, al sentarme entre ellas, tuve ocasión de charlar con doña Emilia y doña Ana Ruiz Villanueva que, junto a su marido, se había unido a la expedición en Mancha Real. Ésta última me dedicó un tríptico con su firma donde se hacía referencia a su última exposición de pintura al óleo llamada “Arco Iris”, donde queda de manifiesto su predilección por el retrato sobre lienzo de mujeres africanas.

Retomamos después nuestro largo recorrido, al menos el más largo que yo he rodado con la Pastoral. Al divisar en el horizonte, la atractiva localidad de Iznatoraf, situada sobre un cerro, supimos que faltaba poco para alcanzar nuestro destino. Nuestro autobús se detuvo en la entrada de la Ermita de la Fuensanta en cuyos exteriores nos realizó don José Luís otro set fotográfico mientras llegaban en sus vehículos particulares los voluntarios de Villanueva del Arzobispo.

Después de distribuirnos, emprendimos un recorrido rural de varios minutos en el que cruzamos el río y llegamos a una pequeña ermita situada en mitad de la vegetación donde fuimos recibidos de forma entusiasta por otra serie de voluntarios que habían estado preparándolo todo.

Como también es tradicional en los encuentros organizados por Pastoral Penitenciaria, formamos un corro en el que todos nos entremezclamos y, brevemente, fuimos presentándonos uno a uno. La mayoría de los que nos recibían procedía del mundo de la docencia, aunque no eran muchos los que quedaban en activo. Nos llamó la atención el hecho de que uno de los más jóvenes que allí nos recibieron se presentase como el cura de la ermita. Tan natural, tan campechano y con tanto sentido del humor, bien hubiera podido pasar perfectamente por uno de nosotros. Casi a punto de terminar con estas presentaciones preliminares, llegaron Esther (profesora de inglés) con su marido “Code” y sus hijos Alex y Nacho.

Pasamos al interior de la ermita y se improvisó un besamanos con Jesús del Monte, con lo cual no tardamos en comprender que, a pesar de sus reducidas dimensiones, aquel pequeñísimo emplazamiento cristiano rodeado de naturaleza suponía todo un eje de devociones en torno a Jesús del Monte.

Salimos para caminar unos minutos cuesta abajo a través de un sendero que conducía al recóndito paraje llamado Fuente del Avellano, al que se accedía deslizándose entre la vegetación. Nos refrescamos con el agua de aquel riachuelo que manaba a la sombra de los árboles y nos hicimos gran cantidad de fotos, durante las cuales tuve ocasión de conocer a Sebastián, el Presidente de la Hermandad Obrera de Acción Católica de Linares, con quien resultó que tengo amigos linarenses comunes.

Regresamos a los aledaños de la ermita y nos sentamos alrededor de la amplia mesa, que ya se habían encargado de cubrir completamente con raciones de todo tipo. Aquel almuerzo, que inevitablemente quedó dividido en pequeños grupos según quien se sentase a nuestro lado, nos sirvió para conocernos un poco mejor. Puso fin a la comida un postre donde pudimos elegir entre naranjas, plátanos y pestiños.

Entonces llegó también el ineludible e indispensable momento de reflexión acerca de lo que había supuesto la convivencia para cada uno de los presentes. Retiramos todas las mesas y colocamos las sillas en círculo. Uno a uno, tomamos la palabra. Algunos atestiguaron haber percibido HUMANIDAD en el trato recibido y dispensado recíprocamente. Otros, GENEROSIDAD. Un chico de Villanueva del Arzobispo se sentía satisfecho al haber comprobado con qué poco se podía hacer feliz a los demás. Otra chica de la localidad afirmaba que la convivencia le había supuesto una especie de reencuentro con su interior. Pero lo que más le gustó a don José Luís que se comentase en varias ocasiones es que estás convivencias servían para arrinconar los prejuicios sobre la población reclusa ya que, como todos y todas podían comprobar, los internos éramos personas de lo más normal.

Después, un señor y una muchacha del Prendimiento nos repartieron estampas con las imágenes titulares de su Hermandad, a lo que no pude evitar corresponder entregándoles yo una de la Virgen de la Esperanza de Linares, aunque estaba algo deteriorada por permanecer en mi cartera desde el inicio de mi estancia en prisión hace veintidós meses.

Rodeados de frondosas arboledas, y junto a aquella verdísima elevación montañosa, sacaron al exterior de la ermita la imagen de Jesús del Monte, organizando a su alrededor una misa al aire libre, oficiada por aquel jovencísimo cura. A continuación, don José Luís nos guió a través de la reflexión acerca del concepto de resurrección, que no debe quedarse sólo como el glorioso final de la pasión de Jesús (para el que tan sólo faltaban dos semanas) sino como nuestra propia resurrección interior. Uno a uno fuimos colocándonos junto a la imagen de Jesús del Monte para tomarnos junto a Él una fotografía como lo que es al fin y al cabo: Un amigo que, si queremos, nos acompaña durante todo nuestro trayecto vital. Posteriormente, entre besos y abrazos, y con cierta pena, nos despedimos de nuestros anfitriones.

En varios coches nos regresaron por la misma carretera hasta el autobús y, conforme íbamos subiendo las escaleras, a cada uno nos entregaron una botella de Cazorliva, un estupendo aceite de oliva virgen extra.

Durante el viaje de regreso, don José Luís nos dio a conocer a través del hilo musical del bus el tema “Estoy contigo”, interpretado por Magaly Rivera, del cual me encargó pocos días después realizar un montaje fotográfico, con imágenes de Jesucristo, de la prisión y de la libertad.

A la altura de Mancha Real, bajaron las dos parejas que por la mañana se nos incorporaron y pocos minutos después habíamos llegado a nuestro destino.

Miguel Ángel García Moreno.

Salida al Santuario de Guadalupe

La excursión con el jamón. Salida al Santuario de Guadalupe

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(Video  y cronica realizados por Miguel Ángel del Módulo 3)

Prisión de Jaén. Domingo, 22 de mayo de 2011. Mientras 6 millones de andaluces están llamados a elegir alcaldes y concejales, yo vengo de retirar en el grifo del patio un par de toneladas de barro que quedaron agarradas a mis zapatillas deportivas hace menos de 24 horas. Y es que en la jornada de ayer tuvimos ocasión, gracias a Pastoral Penitenciaria, de vivir nuestra particular romería hacia el Santuario de Guadalupe. A pesar de ser creyente, las romerías nunca han sido santo de mi devoción, pero me encontraba contento porque al menos me quitaría un día de talego y me iba a reencontrar con gente a la que apreciaba desde que visitamos hace unos meses la Escuela de SAFA en Úbeda.

En esta ocasión prescindimos de la foto de rigor antes de subir al autobús ya que, por motivos desconocidos, en cuanto el padre don José Luís salió de “vestuarios” con su gorra roja y su camiseta blanca (su traje oficial de las salidas programadas) subimos al autobús y emprendimos la marcha. Hacia Baeza, como no podía ser de otra forma. En el camino fuimos presentándonos, uno a uno, los alrededor de quince internos que viajábamos, tres funcionarios y varias/os voluntarias/os de Pastoral.

En Baeza, después de tomar los obligados churros, tuve ocasión de conversar con Santi, un joven de Jaén, voluntario de Pastoral, que había acudido a la convivencia junto a su novia y una amiga. De camino a Santa Eulalia se sentó a mi lado en el bus y pudimos conversar de numerosos temas, entre ellos la casualidad de que teníamos un amigo común en Linares. En SAFA de Úbeda hicimos una fugaz parada para que subieran con nosotros parte de las/os profesoras/es y alumnas/os, también integrantes del voluntariado.

Situándose junto al conductor, un compañero del módulo 3 tomó el micro para hacer de guía turístico, con tan mala pericia que, casi quedamos encallados al dar una curva por las angostas callejuelas de Santa Eulalia. El autobús no cabía y, marcha atrás durante unos 200 metros, tuvimos que salir de la pequeña población. Entonces descendimos del vehículo, nos protegimos con gorras y comenzamos nuestra particular romería a través de un sinuoso camino de tierra y barro, rodeados por olivos a diestro y siniestro.

Odisea a través de los olivos.

Después de una hora de descenso bajo un sol de campeonato, los que íbamos en cabeza junto a don José Luís, nos encontramos el primer contratiempo. El camino romero cruzaba un río, pero el puente se había derrumbado, quedando ante nuestros ojos un barranco de unos 10 metros de altura. Saltar también era imposible, ya que la anchura del precipicio más o menos de la misma medida, así que decidimos esperar al resto de los romeros para establecer una estrategia común. Sin otra alternativa, acordamos bordear el río hasta encontrar un punto de poca profundidad, iniciándose así nuestra auténtica aventura bajo los olivos porque, en determinadas zonas, era complicado incluso caminar, ya que los pies se hundían en el barro arcilloso característico de este tipo de cultivo. Un buen rato de abrasión cutánea después, decidimos que había llegado el momento de echarle valor y, sobre unas piedras, cruzar el río que discurría con bastante menos profundidad que antes. Nos dispusimos en cadena para que no tuvieran dificultad algunas personas menos jóvenes y ágiles y efectuamos la maniobra sin incidencias, internándonos entonces en un pequeño terreno de vegetación alta para la que casi hacía falta un machete. La aparición de otros seres humanos que hablaban nuestro idioma andaluz, pocos minutos después de haber escapado de aquella jungla amazónica olivácea, era el síntoma de que por fin estábamos regresando a la añorada civilización. Enseguida topamos con el Santuario de Guadalupe e inmediatamente nos arremolinamos alrededor de una fuentecilla para echarnos agua por encima, quedando de manifiesto nuestro júbilo por haber alcanzado sanos y salvos nuestro recóndito destino.

Algo que no permitía que nuestra tranquilidad fuese completa era pensar en el camino de vuelta, aunque nos calmaron indicándonos que el autobús vendría a por nosotros, aclaración que, a los menos campestres, nos produjo cierta indignación, pues si nos encontrábamos en un lugar perfectamente accesible, dicho autobús podía habernos llevado hasta allí ahorrándonos con ello arenas movedizas y calor asfixiante a través de la salvaje mini-selva que acabábamos de atravesar, padecimientos en los que, según decían, estaba la gracia del camino.

En cuanto nos recuperamos del mismo, buscamos un poquito de sombra, abrimos refrescos, e instalamos unas mesas para que dos compañeros empezasen a cortar el jamón serrano que traía don José Luís, dedicándonos a devorar tan exquisito manjar mientras poco a poco llegaban el resto de voluntarias/os de SAFA que se incorporaban tarde (y motorizados ¬¬) por haber estado haciendo un examen psicotécnico. Encontrándonos todos reunidos en paz y armonía aparecieron más alimentos para acompañar al jamón, como inmensas tortillas, empanadas y panceta, siendo imposible que nadie se quedara con hambre.

Acto seguido pasamos a una actividad menos lúdica pero igualmente interesante que consistía en visitar el interior del santuario. Tomamos asiento alrededor de una especie de recepción decorada con cientos de cuadros de la Virgen que daba nombre al ermita para, una vez más y aunque ya nos conocíamos casi todos, ir presentándonos individualmente, intervenciones en las que tampoco faltaron bromas, ocurrencias y risas. A continuación pasamos al pequeño templo que cobijaba la Imagen de la Virgen de Guadalupe donde en fusión fraterna, unidos por las manos, rezamos un Padre Nuestro para posteriormente elevar nuestras peticiones, en las que no faltó un emotivo recuerdo para los damnificados por el reciente terremoto en Lorca.

Al salir de nuevo al exterior, un profesor de SAFA llevó la batuta de dos juegos colectivos en corro difíciles de definir. En uno se escenificaba la captura de un gusano que posteriormente se agarra, se mira, se tira al suelo y se pisa. Y el otro, sentándose todo el mundo en el suelo, había que tocar levemente el hombro de los compañeros de izquierda y derecha cantando algo como lorelo – lorelo – lorelo –loré, cada vez más deprisa. Sé que así, describiéndolos por escrito, ambos juegos parecen absurdos. En realidad lo son, pero anda que no nos reímos con aquello. Eso sí, el que más disfrutaba era el reportero gráfico, o sea, el bueno de don José Luís hinchándose de hacernos fotos y de ver lo que estábamos disfrutando.

El momento cumbre de la jornada pudo haber llegado cuando la gente de SAFA desembaló un ordenador portátil, un amplificador semiprofesional con ecualización y dos pequeñas columnas de sonido. Por desgracia, el sistema operativo Windows Vista se fastidió, no permitiéndonos ni arrancar el ordenador y fastidiándonos nuestra rave, así que para solventar el imprevisto tuvimos que apañarnos conectando algunos teléfonos móviles al amplificador mediante cables tipo jack stereo. Con ese engorroso procedimiento pudimos disfrutar de unos cuántos éxitos electrohouse de actualidad que arrancaron algunos bailes en aquella improvisada pista de piedra junto al santuario. Aquella distinguida selección musical nos gustó a todos, menos al funcionario don Juan que, sin duda influido por su avanzada edad, tuvo la osadía de comparar aquel musicón con una especie de sonido de zambomba tribal.

La verdad es que en aquellas convivencias hay momentos en los que a uno se le olvida incluso que está preso, y eso es debido al trato que nos dispensan todos los voluntarios, de tú a tú, con confianza y con naturalidad, como amigos de toda la vida que disfrutan tanto como nosotros. Pero, como suele pasar, cuando mejor nos lo estábamos pasando llegó el momento de hacer, a modo de despedida, una foto de grupo con las alrededor de 30 personas que allí nos encontrábamos, la verdad es que no las conté a pesar de saber que luego tenía que hacer la crónica.

No cabe duda de que nos hubiera gustado quedarnos mucho más rato, pero la tarde se encontraba muy avanzada y hasta llegar a prisión había un buen trecho por carretera. Nuestro reportero gráfico nos inmortalizó todos juntos, subidos a unas mesas de piedra instaladas en un camping anexo. Entonces nos dirigimos al autobús, nos despedimos y, entre un pasillo que nos hicieron los amigos de SAFA, fuimos subiendo uno a uno los mismos que por la mañana habíamos partido desde Jaén.

Durante el tranquilo trayecto de vuelta, de nuevo tuve el honor de compartir con el compañero Santi una enriquecedora charla acerca de diversos asuntos, como la vida penitenciaria, o el sentimiento de solidaridad que mueve a un voluntario de la Pastoral Penitenciaria. El autobús entró hasta el aparcamiento para trabajadores del centro penitenciario y todos bajamos para despedirnos afectuosamente. Los tres funcionarios y nosotros comenzamos a cruzar puertas y controles hasta llegar cada uno a su módulo. Nos esperaba la bandeja de las 20:00. Pero después llegaba el momento de “el chape”, cuando uno se tumba en la cama, momento ideal para reflexionar. Sin duda merecieron la pena todas incomodidades del camino, porque al final del mismo nos esperaban un entorno precioso y dechado de valores humanos como la solidaridad y el compañerismo.

Miguel Ángel García Moreno, desde el módulo 3 de la prisión de Jaén.

CONVIVENCIA EN MANCHA REAL

TESTIMONIOS DE LOS INTERNOS

 

Album de  fotos

El pasado 27 de marzo esta Delegación organizó una convivencia en Mancha Real entre  feligreses de la parroquia de la Encarnación, voluntarios de P. Penitenciaria e internos del C.P.

A las 9’00 h. llegábamos a Mancha Real, nos esperaban en la COOPERATIVA DE SAN FRANCISCO un nutrido grupo de gente con los que rápidamente establecimos sintonía, hicimos las presentaciones y comenzamos la jornada. En esta ocasión el desayuno no consistió en la tradicional parada que Pastoral acostumbra a hacer para tomar churros, pues nos habían preparado en la misma almazara un abundante desayuno en el que pudimos probar las habas con bacalao, queso, jamón y el mismo aceite producido en la almazara, además del café con leche, zumos y roscos o madalenas.
Tras el desayuno, Cristóbal, maestro de la Almazara, nos hizo un recorrido por la misma, explicándonos el funcionamiento y todo el proceso que sigue la aceituna desde que llega allí hasta que sale convertida en aceite, así como el mantenimiento de la maquinaria.

Aquí es justo introducir un comentario. La dirección de la Almazara aceptó con gusto que desayunáramos en sus dependencias y se comprometió a los gastos del desayuno; pero Cristóbal, después de estar con nosotros, ha querido él sólo correr con todos los gastos de aquel “banquete” de la mañana. ¡GRACIAS!

De allí marchamos a la Ermita de la Inmaculada en donde Ana y Josefina, del equipo de Pastoral Penitenciaria, hicieron un pequeño rezo a la Virgen acompañadas a la guitarra por don Javier, el párroco, con el que consiguieron emocionarnos. Terminada la oración, partimos para una marcha a través de un bonito pinar en las afueras de Mancha Real. Este recorrido por el pinar duró cerca de una hora y media y nos sirvió para conocernos algo más,  hacer algo de ejercicio y disfrutar de la naturaleza.

De vuelta, en el patio de  la ermita nos esperaban los cocineros con la paella. Antes de la comida nos ofrecieron los aperitivos: chorizos, panceta, gambas… todo a la plancha con su buen olor y sabor (véanse las fotos).  Impresionante el despliegue de habilidades culinarias de todos, la abundancia y la generosidad con la que prepararon la comida. Nos reunimos unas cuarenta personas. Los cocineros tuvieron un buen detalle con un interno musulmán, que participaba en la salida; hicieron para el solo, una paella sin carne de cerdo.

En el mismo patio de la Ermita a la hora de los postres y el café tuvimos tiempo para exponer las impresiones personales acerca del día transcurrido,  todos participamos y, como siempre, destacaron las intervenciones  de los internos al exponer el contraste que les supone la vida diaria en prisión y un día de libertad como este.

Para terminar esta convivencia, nos dirigimos a la parroquia para celebrar la Eucaristía en la que también pudimos participar todos y sentir la presencia de Dios, que nos había acompañado en un día como este. De allí nos dirigimos a los coches para regresar al Centro. Tras una afectuosa despedida se volvía hacer presente lo que alguien había dicho en la comida: “siempre que se da se recibe más”.

Pincha para ver las fotos

 

COMENTARIOS DE LOS INTERNOS TRAS LA SALIDA Y DE LA COMUNIDAD DE LA ENCARNACIÓN

VÍA CRUCIS ANTE LAS IMÁGENES DE LA PASIÓN

“UN DÍA PRECIOSO”

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El pasado día 15 de abril hemos salido un grupo de internos de los módulos 1 y 2, junto con dos funcionarios, y dos voluntarios de Pastoral Penitenciaria, para hacer un recorrido de Semana Santa sin procesiones. Y digo que ha sido un día precioso, no sólo porque la naturaleza se ha presentado con un día espléndido de temperatura y cielo diáfano y azul, sino por todo lo vivido.

Para empezar, desde la llegada hasta la Iglesia de San Félix de Valois, hemos dado un largo y bonito paseo por el Gran Eje. En la Iglesia nos esperaban miembros de la Cofradía de la Jesús Salvador en su Santa Cena y María Santísima de la Caridad , que con gran cariño y amabilidad nos recibieron con un desayuno de café y churros. Luego, en la iglesia, tras largas y completas explicaciones, vimos de cerca cómo son los pasos de Semana Santa (Santa Cena y María Santísima), y para mejor contemplarlos nos subieron hasta el coro. Nuestro sincero agradecimiento.

Acabada la visita, otro largo paseo por el centro de Jaén hasta nuestra joya arquitectónica: La Catedral. Allí senos explicó tanto el templo comoel coro, las zonas altas, el museo y tres momentos de la pasión: El Cristo de la Buena Muerte, el Descendimiento de Cristo y la Virgen de las Angustias.

En la Sacristía, otra agradable sorpresa. Canal Sur estaba preparando la presentación del Icono del Santo Rostro para la jornada mundial de la juventud con el Papa. Allí, una escritora (Susana Herrera), nos dio un ejemplo de esperanza en Cristo Resucitado, basado en una tragedia familiar que nos puso el pelo de punta. ¡Qué testimonio!, y como ella dice “ la vida es de colores”.

Pero no acababan aquí las sorpresas: a la salida nos encontramos al famoso Padre Patera de Algeciras. Nos fotografiamos con él y nos contó cómo en su casa habían nacido más de 240 negritos.

¡¡¡Qué labor más hermosa hace este hombre!!!

Para completar este precioso día, de emociones y sentimientos, buena comida, buen café y mejor tertulia. Y allí se acabó “lo bueno”. A nuestra Residencia temporal sin estrellas ni tenedores; y que ésta no quite otra. Que Dios nos bendiga a todos.

SALIDA EN PROCESIÓN EL MIÉRCOLES SANTO

“INOLVIDABLE MIERCOLES SANTO”

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No habíamos terminado la procesión cuando María José y Sor Carmen me dijeron de escribir unas líneas contando mi vivencia en esta mi primera salida junto al paso de Jesús del Perdón. Naturalmente dije sí y es por ello que ahora me encuentro delante de esta hoja en blanco donde procuraré reflejar como mejor pueda todo lo vivido el Miércoles Santo día 20 de este año 2011. Antes de comenzar quiero pedir perdón por adelantado si no soy capaz de narrar con toda fidelidad lo acontecido ese día pues aunque pueda resultar raro al lector, es complicado para mí describir con exactitud todo lo sucedido ese día. Y no lo digo por relatar a modo de itinerario todo el recorrido, me refiero al aspecto de los sentimientos, de las emociones surgidas y sobre todo del examen de conciencia que hice cargando con la cruz, vestido de penitente y haciendo el recorrido detrás de nuestro Jesús del Perdón.

Primero quiero presentarme, disculpen por no hacerlo antes, me llamo Antonio Camacho y soy un interno del Centro Penitenciario de Jaén. Yo, aunque cristiano católico nunca había procesionado en Semana Santa ni en nada que se le parezca, lo que sí hice fue desviarme del camino que nos marca Dios y acabé con mis huesos en prisión. Aquí en el Centro tenemos la gran suerte de contar con Pastoral Penitenciaria (Dios bendiga el día en que los conocí). Ellos en fechas anteriores a la Semana Santa tuvieron a bien llevarme el día 2 de Abril tanto a mí como a otros compañeros internos a una salida programada a Jaén y este día fue en realidad una convivencia con miembros de la Cofradía de Jesús del Perdón. Ellos nos acogieron con auténtico espíritu cristiano y nos hicieron pasar unas horas en familia, pues con su cariño y afecto así me hicieron sentir.

Ese día Sor Carmen me dijo que si quería salir en la procesión del Miércoles Santo aprovechando que para esa fecha ya estaría de permiso, la verdad es que acepté con ilusión pero también preguntándome dónde me había metido. No me extiendo más en ese día pues ya mi compañero hizo un escrito que ustedes pueden leer en esta misma página de Pastoral Penitenciaria y además no es mi cometido. Pero me ha parecido conveniente contarles esto para que entiendan como yo, que nunca he tenido contacto con el mundo cofrade, me vi rodeado por el.

Los preparativos en el Centro Penitenciario

Era por la mañana, estaba terminando de desayunar en mi módulo que es el 7 de respeto y nuestro Educador Dº Jesús venía cargado literalmente con los tres trajes de penitentes que nosotros nos íbamos a poner el día de la procesión. Como siempre Dº Jesús nos ayudó en todo, no solo en traernos los trajes, también nos llevó al taller de sociocultural donde Dª Antonia está realizando un taller textil para que allí nos probáramos las túnicas que tan amablemente nos prestó la Cofradía. Se pueden imaginar allí mis compañeros y yo probándonos todo y Dª Antonia haciendo encaje de bolillos para que todo nos estuviera bien, metiendo por aquí, planchando por allá. Que raro me veía vestido así, sobre todo con la capa que no sabía como manejarla pero por fin todo se dispuso y ya teníamos todo bajo control. Por la tarde llegó Mª José que quería vernos vestidos y nos explico los últimos detalles de cómo quedar en Jaén, cuando nos esperaban en la Iglesia de Cristo Rey, etc. Era digno de vernos en la galería donde están las celdas vestidos de penitentes y dándonos el visto bueno. La verdad es que era chocante el espectáculo visual pero para nuestros compañeros extranjeros era una visión surrealista, sobre todo para lo que son árabes que se nos acercaban y nos preguntaban por el significado de la túnica, de sus colores, etc.

La mañana del Miércoles Santo

Iba montado en el autobús que me llevaba a Jaén, ya divisaba a lo lejos la figura de las torres campanarios de la Catedral cuando recibí una llamada al móvil, era mi muy querida Sor Carmen “¿dónde estás?” me preguntó con ese tono guasón y enérgico con el que ella siempre habla, porque nuestra monja no es de estas monjitas que hablan de ese modo suave, pausado casi imperceptible. No, ella es una mercedaria de armas tomar, palabra contundente y clara que si por algún motivo tiene que decirte algo, Dios sabe que no tiene ningún pelo en la lengua. “Llegando a Jaén” conteste y ella me dijo que a las dos en punto estuviésemos mi amigo Miguel y yo en la misma puerta de la Catedral., así lo hice obediente como un soldado japonés y puntual como un hijo de la Gran Bretaña.

Nos recibieron con un abrazo y marchamos a por el coche y nos dieron la primera sorpresa agradable del día, nos llevaron al bar de Juanlu, un amigo que afortunadamente ya está en tercer grado y se gana la vida honradamente con su trabajo. Llevaba varios meses sin verlo desde que se marchó del Centro y me alegró enormemente volver a estar junto a él pues daba gusto de verlo feliz en su negocio y rodeado de su familia. Nos abrazamos con fuerza y con una sonrisa de oreja a oreja nos presentó a su familia, también su negocio y nos acomodó como si fuésemos auténticos reyes en una sala donde ya estaba dispuesta una gran mesa con todo tipo de viandas, que daba gusto verlas y comerlas. Allí estuvimos riendo, brindando, charlando y pasando un rato de los que siempre se recuerda con cariño, la mesa la componíamos Mª José, Sor Carmen, Francisco con su pareja, Miguel, yo y también Juanlu y su familia que iban y venían con bebidas, comida y siempre con una palabra amable y cariñosa nos preguntaban por amigos del Centro y nos contaban como les iban las cosas con el negocio.

Sobre las tres de la tarde se puso a llover y excepto yo, todo hay que decirlo, los demás comensales empezaron a decir que no saldríamos por culpa de la lluvia, que vaya pena, que haríamos, o sea negativos totalmente pero no se porqué yo tenía el convencimiento de que no llovería y así fue. Como aprendí hace mucho tiempo la esperanza es lo último que se pierde y todo salió a pedir de boca ya que desde el mismo momento en que desde la iglesia de Cristo Rey salió la Cruz de guía el tiempo fue inmejorable.

Camino de Cristo Rey

Sobre las cinco nos fuimos en coche en busca de donde aparcar cerca de la Iglesia, después de varias vueltas por fin encontramos sitio en una zona azul, por cierto al regresar después de la procesión nos encontramos con que había una multa que tan generosamente alguien de la autoridad nos regaló. Allí, no os lo perdáis, empezamos a vestirnos con las túnicas en plena calle, la gente que pasaba se nos quedaba mirando como si fuésemos bichos raros, yo no sabía de que color ponerme la verdad. Caminamos hacia la entrada de la iglesia y allí nos estaban esperando, muy amablemente nos dieron las gracias por estar allí un día tan importante para ellos y nos condujeron a unos bancos donde poder sentar hasta que nos tocara salir y cerca de las cruces de madera que llevaríamos.

La Iglesia estaba llena de penitentes, costaba dar un paso por la cantidad de personas relacionadas con la Hermandadque estaban allí aguardando a que la Junta de Gobierno decidiese si se salía o no. Lo que más me impresionó fue el ambiente que había me atrevo a decir de “sobrenatural” pues la luz penetraba tenuemente por las vidrieras y el incienso hacía el efecto de una nube muy disipada que envolvía el interior del templo sobre todo en los altos techos , el olor era penetrante y hacía mucha calor. La expectación era grande y en el ambiente se notaba los nervios típicos de haber realizado un gran y prolongado esfuerzo durante un año y no saber qué iba a suceder. En el interior nos reunimos con Dª Antonia y su hijo, varios miembros más de Pastoral Penitenciaria con familiares, todos ellos también vestidos con las túnicas blancas, capa, fajín y capucha morada. Ya estábamos todos juntos, algunos más nerviosos que otros hasta que por fin se decidió la salida. La ovación fue tremenda, todo los allí reunidos se abrazaban, aplaudían e incluso llegué a ver alguna que otra lágrima por la emoción pues es cierto que no siempre se llora por pena.  Las cámaras de Canal Sur intentaban no perderse detalle de cuanto allí sucedía y la verdad es que yo también intentaba grabar en mi retina todo cuanto acontecía para saborear al máximo esta experiencia única para mí.

Salida de los tronos de Cristo Rey

Tanto la cruz de guía, como los penitentes y el paso de Cristo del Amor en su Prendimiento enfilaron para una inmensa puerta por donde se realizan las salidas, yo que tantas procesiones había vivido desde fuera tenía ahora la inmensa fortuna de vivirlo desde el interior y he de confesar que era sobrecogedor ver el esfuerzo casi sobrehumano que los costaleros tuvieron que hacer  con ayuda de los capataces para sacar ese paso tan imponente por la puerta del templo. La expectación tanto dentro como fuera de la iglesia era increíble, con elegancia y saber hacer empezó muy poco a poco a salir el paso a la calle y entonces la banda de música tocó una marcha mientras los allí reunidos aplaudían fervorosamente.

Entonces nos llegó el turno a nosotros, nos colocaron detrás del paso de Jesús del Perdón, mi corazón empezó a acelerarse ya que todo era nuevo para mí y las emociones que invadían mi ser me eran desconocidas. Paso a paso, cargado con una cruz de madera, rodeado de mis amigos y amigas porque para mí todos los que iban conmigo lo eran comenzamos la procesión en el interior del templo. Aunque os pueda parecer raro, no fue hasta ese momento cuando empecé a rezar al Cristo pues con los nervios y la emoción había estado pendiente a todo cuanto me rodeaba pero ahora que ya estaba detrás de Jesús del Perdón, mi mente se centró en él.

Al verlo maniatado, con el rostro compungido se conmovió algo muy dentro de mí pues me hizo recordar cuando en su día me llevaban esposado al juzgado, esto que os cuento es algo que solo puede llegar a entender el que por desgracia ha pasado por esta misma situación. Pero no os digo esto solo por el hecho de haber vivido la experiencia del apresamiento, las esposas, la celda o el juicio, era porque ese Cristo al que yo humildemente acompañaba  se llama del PERDÓN y eso era lo que mi alma pedía, perdón por todos mis pecados, por mis errores y por cuanto hice sufrir a mi familia, a mis seres queridos y extraños.

El hermoso paso dorado que con tanta delicadeza portaban los costaleros se acercó a la enorme puerta donde tantos vecinos de Jaén  esperaban con amor sincero el reencuentro con Jesús. Cuando empezó a salir el silencio se hizo intenso, me maravilló ver como conseguían sacar el paso con facilidad aparente pues era enormemente complicado todo cuanto hacían y encima los movimientos que realizaban estaban llenos de elegancia y distinción, conscientes de que llevaban sobre sus hombros a Cristo.

Cuando al fin nuestro Señor se reunió con sus hijos la ovación fue enorme, tanto que casi conseguían tapar la marcha que la banda de música tocaba en honor de Jesús del Perdón. No tengo capacidad para describir los sentimientos que me embargaban en ese momento pues era algo que superaba la alegría o la tristeza, era  muy íntimo y por encima de todo con mucha fuerza e intensidad, no lo olvidaré nunca.

Por las calles de Jaén

Como no soy de Jaén me van a disculpar ustedes que no me sepa los nombres de las calles y avenidas por las que procesionamos, pese a ello continuo con mi relato. Cuestas Dios mío, cuantas cuestas hay en Jaén que a mí se me antojaban eternas sobre todo porque soy de llano. Pese a todo las calles estaban a rebosar de gente que se agolpaban para reunirse con Jesús por las calles de su ciudad, niños, jóvenes, adultos, ancianos, mujeres, hombres, de pié, sentados, en carritos de bebes, en silla de ruedas, daba igual, multitud de personas esperaban impacientes la llegada de nuestro redentor. Cuando veía las caras de las personas allí congregadas pensaba que todos ellos al igual que yo pedían por sus familiares o amigos, por ellos mismos, probablemente también habría quien pediría perdón por sus faltas o quienes en la soledad de su vida diaria tuviesen alguien con quien compartir el camino de la vida. Son tantas las necesidades del ser humano y como siempre nosotros acudimos al que nunca nos abandona, al que siempre nos escucha, nos ayuda y perdona, al que siempre nos quiere sin pedir nada a cambio, siempre acudimos al que por AMOR entregó su vida para redimirnos y darnos así ESPERANZA, imploramos  y rezamos a JESUCRISTO.

Al subir por una calle empezamos a llegar al cuartel de la guardia civil, allí con los guardias uniformados y en posición de firmes recibieron a nuestro Señor con todos los honores, entonces los costaleros ordenados por los capataces poco a poco giraron el paso hasta ponerlo de frente a la puerta del cuartel y así presentándose respeto mutuo colocaron un hermoso ramo de flores a los pies de Cristo. Continuamos poco a poco calle tras calle pero casi siempre cuesta arriba, entonces al girar una calle vimos a un compañero de penas de prisión con su novia al cual se le saltaron las lágrimas al vernos. Pero no fue al único amigo al que vimos, tuvimos la suerte de encontrar a unos cuantos más que al vernos se nos acercaban y abrazaban muy emocionados. Por cualquier calle que pasábamos el escenario era el mismo, multitud de personas se agolpaban como podían en aceras, poyetes o balcones, cualquier sitio valía con tal de ver a nuestro Jesús del Perdón y rezarle, pedirle, darle gracias o brindarle flores que echaban a sus pies.

Recuerdo con mucho agrado algo que hacía uno de los capataces que marchaba en la parte posterior derecha del paso, cuando alguien lanzaba flores este capataz cogía parte de esas flores y las depositaba cuidadosamente detrás del paso. Cuando pasábamos cerca de alguna persona que estaba en silla de ruedas, él cogía una flor y se la entregaba a esta persona con una sencillez y caridad cristiana incomiable. También hacía esto con bebes, depositando con cariño sobre el carrito una flor y con otras personas muy mayores que se esforzaban pese a sus achaques a rendir homenaje a Jesús. Este hecho me sorprendió enormemente y me dio una lección importante pues lo que a simple vista puede parecer poco lo que daba, todo aquel que recibía la flor agradecía con una sonrisa limpia el regalo recibido, tanto los adultos como los padres de los bebes.

Así seguimos calle tras calle, recuerdo emocionado que en una nos llamaron a los que estamos presos y nos invitaron a ponernos delante del paso, el capataz pidió por todos los presos y por nuestras familias, entonces Juanlu tuvo el honor de dar el martillazo y todos los costaleros como si fuesen un solo hombre levantaron al cielo jienense a nuestro Jesús del Perdón, he de confesar que se me saltaron las lágrimas y un nudo en la garganta me impidió hablar con el hermano mayor de la cofradía que en ese momento me saludo con afecto y cariño.     

Es de justicia contar que tanto Dª Antonia, como Sor Carmen y Mª José estuvieron siempre pendientes de nosotros, cada vez que alguno de nosotros miraba para atrás alguna de ellas venía y nos preguntaban si queríamos algo, si teníamos sed o si nos dolía el hombro por la cruz o los pies por el camino. Mª José se salió de la procesión, sin embargo, no nos dejó y caminaba entre la gente siempre a nuestro lado, comprándonos caramelos o lo que necesitásemos. Doy públicamente gracias a estas tres mujeres que tanto hacen por nosotros dentro y fuera de prisión, que tanto hacen por mí sin pedir jamás nada a cambio y dándome una lección de vida impagable.

Aproximadamente cerca de la calle Bernabé Soriano vimos a nuestro educador Dº Jesús y la verdad es que pasó algo muy gracioso porque nos saludo y su mujer que es Dª Antonia me dijo “qué discreto es mi marido”, y en verdad lo era porque llevaba un polo a rayas de colores chillones que se le veía a la legua, vamos que por mucha gente que había en la calle él destacaba de entre todos. Al poco se nos acercó y nos preguntó como estábamos y si terminaríamos todo el trayecto a lo que le contestamos que sí. Cuando nos despedimos del él, sé que se marchó orgullo de nosotros pues los tres compañeros que procesionabamos somos del módulo 7 de respeto, el módulo que con tanto esfuerzo, coraje y cariño todo hay que decirlo, creó él, Dº Jesús, que hasta el nombre le acompaña.

Así paso a paso fuimos recorriendo nuestra estación de penitencia en la cual aproveché para hacer examen de conciencia, dar gracias a Dios por poner en mi camino a personas maravillosas que tanto me han ayudado en el peor momento de mi vida, pues aunque pueda parecer extraño en prisión he encontrado a personas que me quieren  como soy y me retan para que con esfuerzo y estudio me convierta en un hombre digno. También pido a Dios ayuda tanto para mí como para mis dos hijos, mi esposa y demás familia y amigos.

Sería muy largo relatar todo el recorrido de penitencia pero cuando ya estábamos terminando bien entrada la noche , fue en ese momento cuando me pidieron que hiciese este escrito para todos ustedes. Al aproximarnos a la entrada de la iglesia de Cristo Rey, nos invitaron a abandonar la procesión para así mejor ver la gloriosa entrada de Jesús del Perdón en su templo después de haber sido venerado por las calles jiennenses. La entrada fue abrumadoramente emocionante pues os garantizo que viví momento inolvidables. Esa misma tarde había salido de ese templo con un alma y después de terminado el camino de penitencia entré a ese templo con otra alma, habiendo echo un camino de transformación.

Para terminar solo me queda decir dos cosas, una dar mis más sinceras gracias a la familia cofrade de Jesús del Perdón en especial al hermano mayor y a su esposa. Y por último una reflexión, me pregunto si después de esta experiencia he cambiado, si a partir de ahora seré una mejor persona, mejor cristiano. Recuperaré a esas personas que tanto amo y perdí , podré yo también perdonar a quienes me abandonaron cuando más los necesitaba, las respuestas a estas preguntas solo Dios las sabe, lo que sí se es que allí donde yo hice daño, a quienes sufrieron por mi culpa y solo por mi culpa yo pido PERDÓN.

ANTONIO CAMACHO

CONVIVENCIA CON LA COFRADÍA DEL PERDÓN

Álbum fotos

POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA MORENO DESDE EL MÓDULO 3 DE LA PRISIÓN DE JAÉN.

En esta ocasión, éramos tres los compañeros del módulo 3 que asistiríamos a la salida programada por la Pastoral Penitenciaria: Francisco, Sergio y yo. De camino al exterior, a la altura del módulo 7, se nos incorporaron los internos Antonio, Mohamed (de Linares) y Mihai, con los funcionarios que nos acompañarían durante la jornada, D. Antonio y D. Ventura. Finalmente se nos unieron Hassan, Mohamed (de Málaga) y Pepe, del módulo 9. Tras la siempre pesada labor de “huellar” en el departamento de ingresos, cruzamos los varios portones metálicos que se elevan de forma automática hasta que alcanzamos la barrera de acceso al Centro. Esperándonos se encontraban las voluntarias de la Pastoral, Maria José (profesora de informática en el módulo 1) y Carmen (profesora de catecismo en el módulo 7), con dos miembros de la Cofradía del Perdón que, al ver que con nosotros venían tres compañeros musulmanes, se apresuraron a telefonear para que no agregasen nada de cerdo entre los ingredientes de la comida que nos estaban preparando. Con ese detalle quedó de manifiesto que nuestros anfitriones no estaban dispuestos a dejar escapar ni un sólo detalle para que todos sus invitados nos sintiéramos bien agasajados.

Nos distribuimos en cuatro vehículos particulares y emprendimos la marcha. Durante el camino, Francisco, Sergio y yo comenzamos a charlar con nuestro conductor, presentándose éste como Rafa, el Hermano Mayor de la Cofradía. Algunos pasajeros no habíamos visto Jaén hacía tiempo, así que él nos iba comentando los recientes cambios producidos en la ciudad, sobre todo el desarrollo, el trazado y las pruebas que se están realizando para el flamante tranvía, del que nos contó a modo de anécdota que un par de días antes ya se había dado el primer castañazo contra un coche que circulaba deficientemente.

El desayuno.

Hicimos la primera parada en la sede de la Pastoral Penitenciaria, donde nos esperaba el sacerdote y alma mater, don José Luís, con otros y otras cofrades. Accedimos a una pequeña sala de juntas donde tuvimos ocasión de presentarnos mientras tomábamos el desayuno oficial de la Pastoral Penitenciaria de Jaén durante las salidas programadas: Roscas de churros con chocolate. Nuestro compañero Antonio cumplía años, así que tampoco faltó la canción del cumpleaños feliz. Durante aquella primera toma de contacto también me enteré de que la advocación mariana del Perdón de Jaén es la Virgen de la Esperanza, la misma que en mi Hermandad, la Expiración de Linares. En torno a aquel familiar desayuno amenizado por las bromas de don José Luís, quien siempre nos hace reír, nos congregamos, además, el voluntario Manolo Calahorro (cursos de Biblia, y Convivencia en Pareja en el módulo 4), Esther (mi profesora de inglés) y algunos miembros más de la Cofradía, como el vice-fabricano del paso del Perdón, el vocal de cultos, varios hermanos de base, y Mari Carmen, la esposa del Hermano Mayor. Ella nos explicó que debido a su formación académica y a su profesión, relacionada con la historia, sería nuestra guía durante el recorrido monumental que nos tenían preparado.

Durante el trayecto hacia la catedral, el clima agradablemente soleado y los escaparates llenos de carteles alusivos a la Semana Santa me evocaron gran cantidad de recuerdos relativos a abril de 2002 (justo nueve años antes) cuando, después de haber estado trabajando en Madrid, llegué a Jaén para comenzar en una empresa de telecomunicaciones. Y también justo unos meses antes de que irrumpiera definitivamente en mi vida quien, provocando mi ingreso en prisión, más perjuicios han causado en mi entorno familiar.

La Catedral, el arco de San Lorenzo, y la Judería.

Nuestra primera parada tuvo lugar en la Plaza de Santa María, ante la fachada de la Catedral, que plasma el protagonismo de Fernando III, situado en el centro de la balaustrada en homenaje a su condición de rey conquistador. Después de observar la gran cantidad de ventanas y balcones que envuelven al templo por fuera, me di cuenta de que se habían unido a nuestra expedición el educador del módulo 7 don Jesús, y su esposa y monitora de taller ocupacional doña Antonia. El emblemático Santo Rostro está esculpido en piedra en la parte superior del balcón central, aunque no pudimos verlo debido a que algún iluminado tuvo la brillante idea de utilizar la espectacular fachada como si de un expositor se tratase, colocando delante un inmenso cartelón invitándonos a la Jornada Mundial de la Juventud.

Aunque visité este monumento hace 20 años (con el instituto de bachillerato Cástulo) la verdad es que esta visita me sirvió para refrescar muchos datos que había olvidado, gracias evidentemente a la altruista e inestimable labor divulgativa de Mari Carmen. Entre otras muchísimas referencias, nos explicó que el arquitecto fue Andrés de Vandelvira, aunque él no llegó a verla concluida, ya que la construcción (sobre una antigua mezquita que se derribó previamente) duró casi 300 años, periodo dividido en varias fases.

Nuestro recorrido interior comenzó en el coro, donde destacaba la gran ornamentación de su sillería dedicada a explicar en imágenes la vida de Jesús. Llama la atención (a mí al menos) que bajo el pavimento de todo el edificio se encuentran enterrados numerosos obispos de la ciudad que murieron en el ejercicio de su ministerio. Sus tumbas están señaladas por magníficas losas de mármol.

Antes de acceder a la sacristía, nos detuvimos a contemplar el cuadro de San Cristóbal transportando al Niño Jesús. La sacristía era una estancia grandísima, con una composición de arcos y 80 columnas en parejas que resuelve todas las necesidades de luz y espacio y que, por mobiliario y ornamentos, a Mari Carmen le recuerda más a un salón de baile.

También subimos a la torre “muda”, y a los balcones a través de los que antiguamente se mostraba al pueblo y a los peregrinos el paño con el Santo Rostro, bajando a continuación para acercarnos al relicario donde se custodia dicha reliquia.

Antes de salir, observamos dos pinturas. Primero la del Rey Fernando III. Y después la de “La Virgen de las Tijeras”, donde San José tiene al Niño Jesús en brazos y María, con utensilios de costura a su lado, parece pedírselo. La tradición atribuye a este cuadro de la Sagrada Familia facultades para conceder deseos si el observador es capaz de descubrir la localización de las tijeras.

Abandonamos la catedral y nos dirigimos al Arco de San Lorenzo, otro monumento delante del que, en su momento, durante mi residencia en Jaén, pasé varias veces, aunque jamás imaginé lo que albergaría en su interior. Cruzando la pequeña puerta, cuyas llaves tenía Mari Carmen, había que ascender unas escaleras para llegar a una minúscula capilla abovedada, adornada con mosaicos de cerámica mudéjar y presidida por un minimalista Cristo crucificado. Recorriendo una especie de pasadizo ascendente llegamos a un salón donde se exhibían varias pinturas antiquísimas, una de ellas sobre Jesús Nazareno de Jaén.

Al salir decidimos adentrarnos la Judería, que se encontraba muy cerca. Para ello caminamos cuesta abajo durante varios minutos a través de algunas angostas calles. Todos los edificios de esa zona eran blanquísimos y los nombres de las calles aparecían en castellano y hebreo. En la parte derecha de la puerta de entrada a una de las casas, observamos un pequeño saliente de madera de unos 10 centímetros de alto. Según nos explicó Rafa, era lo que tocaban los judíos para alejar los malos espíritus cada vez que entraban. Lo último que vimos de la Judería fue un monumento consistente en un enorme pero sencillo candelabro de siete brazos situado en mitad de una plazoletilla.

La convivencia con los hermanos del Perdón.

Exhaustos después de la caminata, y siendo la hora de comer, pasar por delante de los juzgados de lo penal donde un día fuimos condenados, no nos hizo perder el apetito, afortunadamente. Seguidamente llegamos a la parroquia de Cristo Rey. Dentro, atravesamos algunos pasillos y dependencias hasta salir a un pequeño patio con hierbabuena y enredaderas compartido entre el Perdón y otra Hermandad. Varios hermanos más nos acogieron calurosamente sin perder su sonrisa ni un solo minuto.

Una larga mesa con todo tipo de aperitivos nos esperaba, pero varios de nosotros preferimos antes que mostraran un almacén donde conservaban gran cantidad de enseres pertenecientes a la Cofradía del Perdón: Báculos, varales y techo de palio, faldones de terciopelo, bambalinas, guardabrisas, bordados, cruz de guía y la talla de San Pedro Apóstol, que también aparece en el título de la Hermandad.

Satisfecha nuestra curiosidad cofradiera, abandonamos el almacén y fue entonces cuando, entre amenas charlas, todos comenzamos a conocernos un poco mientras tomábamos unos refrescos sin alcohol y degustábamos tortilla de patatas, canapés, embutido, empanada, aceitunas… y un exquisito arroz con pollo y gambas que no tenía nada que ver con el cemento amarillo con guisantes y habicholillas que nos ponen los domingos en el Centro.

Para que nos lleváramos un recuerdo físico de la Hermandad, nos obsequiaron con unas estampas de sus sagrados titulares y los boletines anuales de Cuaresma que editan con el nombre de Perdón, Amor y Esperanza. Una admirable publicación de 145 páginas (24 a color) a través de la cual pude apreciar, echándole un vistazo allí mismo, la notable obra social que lleva a cabo esta Hermandad: Aportan el mobiliario y una cantidad económica fija mínima anual para un centro destinado a personas mayores llamado “Virgen de la Esperanza”; colaboran en ONGs de cooperantes en zonas subdesarrolladas como el sur de Mauritania; e invitan a internos y profesionales del Centro Penitenciario que lo deseen a procesionar en penitencia tras Jesús del Perdón el Miércoles Santo.

Yo pude hacerme con dos de estos boletines. Uno de ellos indudablemente para la colección particular que tengo en casa de mis padres, y el otro para mi compañero Arjona, del módulo 3, que al ser hombre de trono de Ntra. Sra. de la Paz de Málaga, le hubiera encantado poder asistir con nosotros a esta salida programada cofrade.

Integrantes de la Hermandad y de la Pastoral solicitaron a nuestro compañero Antonio que pronunciase unas palabras. Él comentó que, como es lógico, le hubiera encantado pasar su cumpleaños con su familia, pero al menos, estaba pasándolo (dentro de aquella ausencia) con otra familia formada por todos los internos, funcionarios y cofrades reunidos alrededor de aquella mesa.

Seguidamente, y “a traición”, me pidieron a mí que también pronunciase unas palabras en representación del módulo 3. Me quedé un poco parado porque la verdad es que improvisar discursos no se me da nada bien, pero vencí mi timidez e intenté hacerles ver a los asistentes lo reconfortante que resulta para nosotros poder evadirnos aunque sólo sea por unas horas de nuestra atosigante rutina diaria. No deje escapar la oportunidad de mostrarme públicamente encantadísimo, al ser yo hermano de la Cofradía de la Esperanza de Linares.

Acto seguido tuvo lugar otra sorpresa, en este caso para Antonio. Para celebrar su cumpleaños, tuvieron el detalle de traer una tarta helada, velas incluidas para que las soplara. Además, una cofrade le regaló un pequeño penitente, a modo de broche, elaborado en tela con los colores del guión de la Hermandad.

Junto a la Virgen de la Esperanza.

Aún quedaba lo que yo, especialmente, llevaba esperando toda la jornada que era contemplar el altar de cultos preparado para el Triduo en honor al Perdón. Abandonamos el patio, cruzamos ligeramente la sacristía y ya estábamos en el templo de Cristo Rey. Allí se encontraban los sagrados titulares. Un Cristo que conmueve, atado a la columna, mirándonos desde arriba, sobre la peana de alpaca plateada perteneciente al paso de palio. Abajo, a su derecha, San Juan Evangelista, imagen clásica de vestir, acompañando a María de la Esperanza, semblante clásico de Luís Álvarez Duarte, con su hoyito en la barbilla y lágrimas oscuras dando un aire macareno “que tira pa’trah”. Imagen de candelero que lucía fajín de hebrea, rosa de pasión en plata para su mano izquierda y, a sus pies, corona de espinas. Escena custodiada por faroles, bacalá y guión concepcionista, y adornada con poquita cera pero con gusto, bien distribuida sobre piezas de la candelería del palio.

Como preso te lo pido, no llores más Madre mía,

que tus lágrimas me queman, y consumen mi alegría.

Tomamos asiento en los bancos para asistir a dos pequeñas pero interesantes disertaciones. En primer lugar, un vocal de la Hermandad tomó la palabra para exponer la composición del altar, aunque tampoco quiso extenderse demasiado. Posteriormente, un jovencísimo sacerdote de la parroquia, que también nos había acompañado durante la degustación del arroz, nos estuvo explicando la estructura el retablo del altar mayor, una pintura obra del linarense Francisco Baños en cuya parte inferior me encantó el detalle de que mi paisano retratase a otro paisano como es Lolo, quien pronto será reconocido como San Manuel Lozano Garrido.

Como broche de oro a esta jornada en la que reinó la concordia, nos hicimos unas fotografías de grupo ante los titulares del Perdón, primero sólo los internos del Centro, y después mezclados con los cofrades. Tras esto, salimos de la parroquia y nos despedimos cordialmente de ellos, deseándonos entre los cofrades buena suerte con el tiempo para esta Semana Santa y esperando volver a vernos muy pronto.

Íbamos bien de tiempo, así que para ayudarnos a estirar un poco más aquella jornada en libertad, los funcionarios y las dos voluntarias de Pastoral nos llevaron primero a tomar un café a una cafetería y luego hasta la cruz del castillo, donde también nos hicimos fugazmente otras pocas fotos en grupo. Entonces sí que tuvimos que volver sin más remedio al Centro. Nos esperaba la bandeja de las 19:00.

Sólo me resta, a los humildes cofrades arraigados y edificados en Cristo del Perdón y en la Virgen de la Esperanza, y a los voluntarios de la Pastoral Penitenciaria de Jaén, agradecerles, más que el convite, la gran cantidad de valores cristianos y cofrades que nos transmitieron durante toda la convivencia.

Esperanza Jaén, Esperanza de Linares, Esperanza de todos, el Viernes Santo pasado os fallé. Intercede por mí para que mi hombro pueda llevar a Tu Hijo este año.

Miguel Ángel García Moreno, a cinco de abril de dos mil dos, tras veintiún meses de prisión.

SALIDA DE LOS TALLERES DE INFORMÁTICA Y MATEMAGIA

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En este mes Pastoral Penitenciaria ha organizado una salida a Jaén con internos del módulo 1 que participan enlos talleres de Matemagia e Informática que Pastoral imparte en el C.P.

Comenzó por una visita a la Universidad (aquí podeis ver la noticia aparecida en el Diario Digital de la UJA)    y tras el almuerzo continuó con una visita a la Biblioteca Pública Provincial y al Convento de Santa Clara donde tuvieron la oportunidad de conversar con las monjas de clausura.

CLASE DE BIBLIA EN EL CORO DE LA CATEDRAL

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El módulo 1 del Centro Penitenciario, tuvo la clase en el coro de la Catedral. Una vez instalados los alumnos, el profesor les entregó una cita de los evangelios, diferente para cada uno; comenzaron el trabajo buscando el texto,después lo fueron leyendo en privado y presentando las dudas sobre el mismo; por último pasaron a localizar dicho texto en las tablas del coro y terminaron explicándolo a los asistentes. Después pasamos al Museo donde se repitió el mismo esquema de trabajo ante algunas piezas de las que allí se conservan.

Agradecemos al Cabildo Catedralicio la facilidad que ofrece a la Delegación de Pastoral Penitenciaria para desarrollar estas visitas desde hace dos años.

La clase comenzó a las 16’30 pero antes nos paramos a comer en un céntrico restaurante; apetición de los internos, el menú del día se compuso de un primer plato de abundantes migas con todos los aderezos que requieren y un segundo, más abundante aun, de patatas fritas con huevos. Después del postre pasamos a una cafetería para el café y las pastas.

Uno de los asistentes nos comentaba: “Por la mañana he salido a declarar en un juzgado, iba esposado y custodiado por la policía. ¡Menuda diferencia del paseo de la mañana al de la tarde!”

Volvíamos los voluntarios satisfechos al ver la satisfacción de los internos durante esas cinco horasy media que habíamos pasado juntos. También contentos porque la Iglesia estaba cumpliendo su misión entre ellos: El Señor nos ha enviado a “anunciar la Buena Nueva a los pobres” y hemos “salido a los cruces de los caminos para invitar a todos a que participen de la mesa en fiesta preparada para ellos”.

¡BENDITO SEA DIOS!