CARTAS AL SR. OBISPO POR LAS CONFIRMACIONES

CARTA DE UN INTERNO QUE SE HA CONFIRMADO

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   Esta humilde carta va dirigida con todo mi amor al más  grande, a nuestro Dios, quiero decirte que te amo mi Dios, que sin Ti no soy nada, tú me lo has dado todo y me has salvado de muchos peligros, quiero agradecerte la fuerza que me has dado en mis momentos de debilidad. Tú siempre estás a mi lado y al lado de mis hermanos, incluso en este momento siento tu presencia.

Me enseñas el sendero de la vida, me sacias de gozo en tu presencia, enséñame Señor tu camino para que siga tu verdad, mantén mi corazón entero en el temor de Tu nombre. Tú, Señor me ayudas y me consuelas y me unges con aceite nuevo, ya que Tú eres rey de reyes, Señor de señores, el más grande de los grandes, danos a todos tu gloria, líbranos de la tentación y no nos dejes solos en esta oscuridad que nos encierra.

Ayúdanos, Dios mío, para soportar este calvario que nos ahoga, derrama de tu gloria para calmar nuestra sed, haz ligera nuestra carga. Mi Dios, tu eres nuestra roca, nuestro escudo, en Ti confiamos.

Señor mío, bendice a todos y cada uno de mis hermanos y hermanas aquí presentes y en especial cuida de las familias de todos y guárdalas en tus santas manos.

Envía sobre todos tu Espíritu Santo para fortalecer nuestros corazones que sufren la presión de la prisión. Toda nuestra fe está puesta en ti, pues pronto romperás las cadenas y nos harás libres de nuevo.

Solo decirte que te amo con todo mi ser, Padre mío, toda la gloria y la alabanza es tuya.

 Te doy gracias porque nos has consagrado con tu espíritu para que nos sintamos más fuertes.

 


Los internos que se van a confirmar han escrito un carta personal al Sr. Obispo, diciéndole quiénes son y por qué se quieren confirmar. Guardamos los datos personales y solamente resumimos las razones que exponen para solicitar el sacramento de la Confirmación.

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Querido Sr. Obispo:

Le escribo desde el Centro Penitenciario para pedirle que venga a confirmarme y le voy a explicar por qué me quiero CONFIRMAR:

  • -Porque quiero reafirmar mi fe en la palabra de Cristo y que me ayude a cumplir los mandamientos
  • -Quiero honrar a mis padres y que allí donde estén puedan “ver” que la decisión de bautizarme fue acertada
  • -Ya que estoy bautizado y he recibido la Comunión, quiero confirmarme para recibir al Espíritu Santo.
  • -Porque después de la Primera Comunión perdí prácticamente el contacto con Dios y esta es una oportunidad de volver al camino que no debí dejar nunca.
  • -Olvidé que Dios estaba presente en mi vida. Las drogas y el alcohol me apartaron de su lado. Ahora, aquí en prisión, quiero reencontrarme con Él.
  • -He visto que sólo Dios es el que me da fuerzas para todo
  • -Quisiera recibir fuerzas del Espíritu Santo y fortalecer mi alma.
  • -Cuando era pequeño no era consciente y ahora mayor quiero confirmar que soy cristiano
  • -Me quiero comprometer con Jesús y seguir sus pasos, su doctrina y cambiar la manera de tratar al prójimo.
  • -He aprendido que con el perdón y el amor se gana cualquier batalla.
  • -Quiero ser cada vez mejor porque quiero casarme pronto
  • -Quiero vivir la experiencia de poder ser padrino, el día de mañana, en el bautizo de algún hijo mío.
  • -Llevo tanto tiempo alejado del Señor y de la Iglesia que he decidido poder confirmar mi bautismo.

Sin títuloTambién os ofrecemos la carta que los catequistas de uno de lo tres grupos de catecumenado han dirigido al Sr. Obispo, presentándole las experiencias que ellos han vivido durante el curso con el grupo de confirmandos:

“Estimado Sr. Obispo.

            Junto a las cartas de los confirmandos, quisiéramos hacerle llegar unas palabras, desde lo que sentimos, que es principalmente, agradecimiento. Hemos tenido la suerte de poder acompañar y animar uno de los varios grupos de catequesis existentes en la cárcel desde el mes de noviembre hasta mayo.

            Quisiéramos hablarle de la ilusión y esperanza que transmite el magnífico grupo humano que convive en el Centro Penitenciario;  con ellos nosotros compartimos algo más que un rato agradable los sábados después de misa. Varios de ellos serán confirmados a final de mes; otros ya recibieron este sacramento en años precedentes; unos ya marcharon en libertad, y otros ya fueron confirmados en sus respectivos pueblos en su juventud. Desde el silencio y la oración, hemos ido intuyendo junto a los internos lo que Dios quiere de cada uno de nosotros, sin distinción entre voluntarios e internos; y para ello, nos servimos de lo que hace tantos siglos se escribió en los Evangelios, y por supuesto, en el ejemplo de tantas personas de fe que hoy, viven y se creen el proyecto que Jesús lanza en lo alto del monte: las Bienaventuranzas. 

            Nos preguntamos muchas veces:

  • ¿Quién hace posible que este interno escuche al compañero de celda, procurando, así, liberarlo de sus sufrimientos? ¿Quién impulsa a este interno a hacer suyo el dolor del compañero? ¿Quién está detrás de aquél que es capaz de alentar a otros compañeros a luchar contra las adicciones?
  • ¿Quién hace que varios funcionarios se comprometan a la reeducación y reinserción social del preso? ¿Quién pondrá en los labios de un interno una oración sincera de petición por un funcionario que lo está pasando mal por el fallecimiento de un familiar cercano?
  • ¿Quién empujará a tantos familiares a recorrer semanalmente gran parte de la provincia, para dar aliento a sus hijos, maridos, o hermanos encarcelados a través de un cristal?
  • ¿Quién concede tanto valor para hacer una oración tan profunda, tan intensa, tan real?
  • ¿Quién devuelve a quién la confianza? ¿Quién hará que se mantenga intacta la esperanza?
  • ¿Quién le dará sentido a lo que está escrito en el Evangelio? 

            Volviendo a esas preguntas que antes nos hacíamos, en ella hay un elemento común: “¿quién?” La respuesta sólo puede ser contestada desde la fe. Esa respuesta de fe, es la que dan los que próximamente se confirmarán; ellos son testimonio de Dios para el mundo.

Pero no todo es así. Nos cuestiona mucho aquel hermano nuestro en prisión que no recibe visita alguna, ante aquel que no ha conseguido deshabituarse de sus adicciones;  o ese otro para el que la justicia es muy diferente en comparación con casos que se ven en tv, o bien aquel en el que reconocemos signos de haber intentado quitarse su propia vida. Cuesta no sentirse interpelado. Es imposible que estas situaciones no remuevan los cimientos de nuestra conciencia, del corazón y de la fe. No podemos habituarnos a la injusticia. Ante casos de diversa complejidad no podemos justificarnos o llegar a pensar: “esto no lo arregla nadie” por no decir algo más fuerte; o esa coletilla tranquilizadora: “algo habrá hecho”. 

            Deseamos que la Confirmación sea para ellos un nuevo y definitivo impulso para vivir con plenitud intentando parecerse a Jesús. Esperemos que cuando recuperen su libertad, la Iglesia siga siendo el lugar desde donde vivir su fe, sus ilusiones, y sus esperanzas. Ojalá, las comunidades parroquiales de pueblos y ciudades reciban bien a estos hermanos nuestros; ellos necesitan a la Iglesia, y la Iglesia no debe prescindir de ellos. Estamos convencidos de que los internos que han participado en las sesiones del Curso Cat, hacen suya la invitación de Jesús: “dadles vosotros de comer”. Creemos, que ellos son sujetos activos en los retos que la Iglesia asume, y no como receptores de ayuda, sino como potencialmente constructores del Reino y portadores de esperanza. Deseamos de todo corazón, que esto que acabamos de relatar, no sólo sea la certidumbre de los voluntarios, o si se quiere uno de los objetivos de muchos voluntarios de Pastoral Penitenciaria, sino que trascienda y sea así, verdaderamente, criterio de actuación para movimientos y parroquias de ámbito local. Muchos piensan que es imposible que el ex-presidiario se integre en una parroquia o grupo católico; nosotros, no dejaremos de intentar que eso que potencialmente observamos, sea una realidad.

            Quisiéramos agradecer su presencia, Sr. Obispo, en prisión en tantas ocasiones. Durante su mandato no creo que haya habido parroquia o pueblo más visitado que este “otro” barrio de Jaén. Los internos reconocen el cariño que usted les transmite y así nos lo han expresado en no pocas ocasiones. Nosotros se lo agradecemos. Y le agradecemos, también, a la Iglesia, a usted, a los capellanes, y al equipo de Pastoral Penitenciaria, toda la confianza puesta en nosotros para el proyecto encomendado en este curso, ha sido un reto apasionante y un aprendizaje continuo. Hemos sido felices preparando las sesiones, ejecutándolas, y participando en ellas junto a los internos. Nos ilusiona sentirnos parte de la Iglesia, verdaderamente servidora de los pobres.”

            Un saludo.

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