CONVIVENCIA DE LOS VOLUNTARIOS

RECUERDO DE UN DÍA ESPECIAL

ÁLBUM DE FOTOS

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CRÓNICA

            Podía ser un día cualquiera de nuestras vidas. Podía ser, pero no lo era ni lo fue. Iba a amanecer como todos los días, se iría la noche y saldría el sol. Quizás, eso fue lo único común al resto de días de la semana, del mes, del año y de nuestras vidas. Yo, hablo por mí, pero creo que para todos los que íbamos a salir, el corazón nos latía de forma diferente al resto de los días.

          La alegría y la ilusión, formarían una parte importante de nuestro ser hasta por lo menos el momento en que el autocar nos dejara otra vez en barrera. Pero bueno… Hoy nos íbamos a olvidar de esa parte, e íbamos a disfrutar de lo lindo. De eso, no cabía la menor duda.

            Todos estábamos locos de contentos y, si digo todos, es que éramos todos. Yo, por mi parte, no sabía ni cómo era la barrera pues nunca había salido de aquí si no era en un coche d la Guardia Civil

            Bueno, y si nosotros estábamos contento y alegres, ni que decir tiene, todos y cada uno de los que nos estaban esperando en el aparcamiento. ¿Que quienes eran esos otros que nos estaban esperando fuera a que saliéramos? Los otros eran l@s chic@s voluntari@s de Pastoral. En el autocar iba una gran familia y una guitarra que, ¡madre mía si dio juego! y gracias a Dios que vino pues se convirtió en compañera inseparable y figura instigadora de alegría durante todas y cada una de las horas que pasamos en convivencia. El autocar se convirtió en una fiesta.

             Llegamos a nuestro primer destino. Un copioso desayuno y algunos más que estaban deseando unirse a la Gran Familia, nos esperaban en el Puente del Obispo. Todo un banquete a base de tostadas, aceite, tomate, jamón y demás exquisitos manjares, regados con el mejor café y zumo natural, que aunque parezca poco, nadie más que nosotros echaba de menos pues, como todos sabéis, para nosotros es un lujo inalcanzable aquí dentro.

             Las conversaciones más amenas y los temas más dispares se dieron cita en este nuestro desayuno en Familia, mezclándonos al azar para hacer más rica la Convivencia. Bonita palabra ¿Verdad? De hecho, ese era el porqué de ese día. La convivencia y estar en Familia. 

              Ya con el estomago lleno y alguna camiseta con manchas, volvimos a unirnos al calor de la guitarra de nuestro compañero Carlos ¡¡que vaya si disfrutó…!! en el autocar hasta nuestro siguiente destino. El Museo del Aceite, que para eso estamos en Jaén. Nuestro querido organizador, Antonio, empezó a indicarnos el itinerario y cuando todos vimos el cartel indicador… ¡¡Madre mía, 1.4 km hasta La Laguna!! ¡¡¡Si solo hubiera sido eso… pero es que luego había que volver!!! Pero como por arte de magia y gracias a las dispares conversaciones y al sonido de nuestra compañera la guitarra, cuando quisimos acordar, estábamos todos haciéndonos fotos en La Laguna, rodeados además de multitud de aves, llenando el ambiente de bromas, risas y mucha alegría.

              Caían ya las 12 más o menos y gracias a que el día escogido fue perfecto hasta en la temperatura, no tuvimos que lamentar en el camino de regreso ningún desmayo ni nada por el estilo y, sin darnos cuenta, estábamos ya recibiendo una bien documentada explicación sobre los orígenes, valores y virtudes de nuestro tan querido Aceite de Oliva. Entre explicaciones, datos e infinidad de fotos mas, nos llegó la tan esperada también hora de comer, pues con tan larga caminata, el estómago nos decía aquí estoy yo. Entre cubiertos de verdad, vasos de cristal, risas y buenos compañeros de mesa, pasamos un ameno almuerzo y sobremesa.

               Sin darnos cuenta la mañana se convirtió en medio día y el medio día en tarde y poco a poco, nos percatábamos de que nuestra reunión de amigos, nuestra convivencia de familia, dentro de poco, llegaría a su fin. O al menos eso creíamos, pero aun nos quedaba una clase magistral acerca de la historia del Puente del Obispo y la última reunión que no por ser la última seria la más tediosa. Algo parecido a las Bodas de Canaán con el vino ocurrió en esta reunión. Lo mejor para el final. Tuvimos la ocasión única de vernos las caras todos a la vez, en un círculo casi perfecto y en un gran entorno. La Iglesia del Puente del Obispo, fue testigo directo de declaraciones de amor hacia los demás, de muestras de gratitud y de expresiones de cariño por doquier. Y aunque todos nosotros lo intuimos, para nada estaba de mas, conocer parte de la historia de cada uno de vosotros los voluntari@s de Pastoral, hacernos participes del esfuerzo y la constancia que le dedicáis a vuestra mayor pasión, los demás, el prójimo y en particular a nosotros, vuestra Familia adoptiva. Se dijo que no era el momento de agradecer pero, como el mundo está lleno de desagradecidos, nosotros no quisimos formar parte de ese mundo y todos (incluidos volutari@s) agradecimos de una u otra manera y cada uno en su estilo, primero el día tan especial que vivimos juntos y segundo, el esfuerzo que realizáis vosotros los voluntari@s y las ganas de aprender que nosotros ponemos cada día que venís a vernos. Yo creo que al final, todos nos llevamos algo positivo.

              Alguien dijo que, a pesar de todo el esfuerzo que os supone venir con nosotros cada semana, ya esperaba con ansia que llegara Octubre para empezar a bajar otra vez a estar con nosotros y a eso, tengo que añadir algo. Hablo por todos. Todos y cada uno de nosotros esperamos como niños en la noche de Reyes a que llegue de nuevo Octubre, que empecéis a bajar, a impartir y a enseñarnos lo que se os da mejor a cada uno y a demostrarnos con hechos, que la felicidad se consigue amando y dándote a los demás. El que siembra, recoge. Nosotros, solo os podemos dar las gracias, transmitiros el cariño, haceros participes de nuestra alegría al veros llegar cada tarde y demostraros con hechos también que, el día que salgamos por esa barrera, será con la cabeza alta y para no volver. Sera duro pero, gracias a vosotros, nos sentiremos más seguros de nosotros mismos y todo será mucho mas fácil.

              Y por último, después de la Santa Misa y de ese momento tan especial del que todos fuimos cómplices, llegó por desgracia, el momento amargo de empezar a despedirnos los unos de los otros pero no con un adiós si no con un hasta luego, con el corazón en la mano y un extraño nudo en la garganta que nadie se permitió expresar ni que se le notara.

              Sin duda, creeréis que el momento de pasar otra vez por barrera sería triste. Pues lo siento porque nada había más lejos de la realidad. Todos estábamos felices y radiantes por dentro y por fuera y una barrera o una puerta con barrotes, no nos iba a hacer olvidar un día maravilloso. No nos podía hacer olvidar el RECUERDO DE UN DIA ESPECIAL.

DE PARTE DE TODOS, GRACIAS A TODOS.

J.M.G.A Auxiliar de Capellanía