DESPUES DE LAS BENDICIONES

¿ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR O TENEMOS QUE SEGUIR ESPERANDO? 

    Esa pregunta, que hemos escuchado en numerosas ocasiones, hoy se me vuelve a repetir. Quizás no haya sido un emisario de el Bautista el que haya formulado la pegunta, pero ha sido un amigo del módulo de enfermería. La respuesta no puede ser otra: “Id y contad lo que estáis viendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia”. La respuesta no es una invitación es una imposición: “id y contad”.

    La pregunta que hoy hemos presenciado, a mi me ha removido por dentro. No recuerdo los términos exactos en los que el interno del módulo de enfermería la ha formulado, pero inmediatamente se me ha venido lo que cuenta el evangelio (Mt 11, 3). Quizás haya dicho el interno: “¿tú eres el que viene a darnos la libertad?” o algo así. Mucho menos recuerdo lo que el Obispo ha contestado. La pregunta se ha hecho en el sitio más especial de la cárcel, para mi gusto, el lugar específico dónde están los últimos de los últimos. La Iglesia lleva la LIBERTAD a la cárcel; no la libertad como la posibilidad de desplazarse físicamente por dónde uno desea; sino la LIBERTAD que me permite discernir lo que quiero para mi vida, que me permite soñar y que me alienta con esperanza a superar las propias barreras existenciales, las que pone la sociedad y las que uno mismo se autoimpone.

    La pregunta me viene al pelo en el momento en el que me encuentro,  quizás porque es la pregunta que yo le hago a Jesús en este momento de mi vida. Quizás es la pregunta de alguien que tiene ansia de algo nuevo porque lo que hay se queda corto, y  es quizás en dónde me encuentro: lo que tengo se queda corto. La posibilidad de entrar en contacto con este mundo, supone una exigencia en este momento: “Id y contar”; y es que no encuentro ningún sitio en el que pueda precisamente desarrollar cierta creatividad donde pueda sentir esa felicidad que otorga el entregar algo de uno mismo, aunque sea la mañana de un findesemana, como hacía años atrás con los amigos.

    Supongo que tendremos que pensar si es por falta de facilidad por mi parte (por falta de horario y capacidad de organizar prioridades) o si es que cuando nos hemos puesto a tiro, lo  que hemos hecho, lo que hemos visto, hemos pensado que no era para nosotros; y eso que somos fáciles. Igual es que he cercenado mi libertad, en cambio de criterios como el desarrollo profesional (y económico, que al fin y al cabo tengo que comer!!!), y quizás esto último esté provocando unas dependencias que se estén dando con mis principios, con mis ilusiones, e incluso con mi espiritualidad. 

    Suerte que cuento con gente que siguen siendo ejemplo de integridad en lugares donde eso no se estila. Suerte que las necesidades no se pierden. Suerte que Dios se sigue cruzando en mi camino, como en otro momento lo hizo Luisa y José Luis para que fuéramos a una reunión de la cárcel. Suerte que me educaron en mi familia y en el colegio donde me hicieron  con unos hábitos y unos métodos.

    Para mi hoy es un día de emociones, quizás ahora esta Navidad sí tenga algo que celebrar. Ahora sí. Que Dios sigue estando en el abrazo de Pedro (un interno). Que Dios se manifiesta en la pregunta de un hermano interno; Que Dios sigue removiendo mis cimientos; Que reconozco que Jesús sigue naciendo conmigo en el silencio del coche cuando volvemos de la cárcel, Que Dios nace en la soledad de una fría noche, en la que sus padres por no tener, no tenían las llaves de una posada. Que Jesús, María y José sigan teniendo las llaves de nuestro corazón siempre, ese es nuestro deseo. 

    Hoy la Iglesia se ha personado en el procedimiento de muchos amigos internos, por medio de su máximo representante en la Diócesis. Se persona en nombre de Jesús en sus vidas, en sus ilusiones, en sus esperanzas; y lo hace como siempre, con sencillez, con alegría. 

    Es Jesús el que es capaz de que hoy sea testigo de que aquello que dice El Evangelio se cumpla, y que hoy podamos interpretar esas palabras escritas tantos siglos atrás en ideas de hoy: “Id y contad lo que estáis viendo: los violentos se emocionan, los analfabetos “escriben y leen” las cosas más bellas, los dependientes dejan de lado la adicción, los muertos resucitan y a los pobres se  les anuncia la buena noticia”.

ID Y CONTAD.