CONFIRMACIONES 2010

Por primera vez el Sr. Obispo ha administrado el sacramento de la Confirmación en el C.P. de Jaén.

El pasado día 10, a las 10’00 h. comenzaba la celebración de la eucaristía en la capilla del Centro. Nos habíamos reunido los padrinos (entre ellos varios voluntarios del equipo de esta Delegación y funcionarios del módulo 7), los confirmandos (13 internos y una voluntaria del equipo), internos del módulo 7 invitados por los compañeros que se confirmaban, el resto de voluntarios de Pastoral; los familiares no fueron autorizados para ese momento.

Previamente el viernes anterior habíamos celebrado el sacramento de la Penitencia y el ensayo de la ceremonia.

Como Cornelio con su familia llamó a Pedro para que viniera a su casa, igualmente nosotros habíamos llamado a nuestro Pastor para que viniera a imponer las manos a estos fieles suyos e invocara sobre ellos la plenitud del Espíritu.

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Iniciamos la celebración con un canto pidiendo a Dios que abriera los cielos sobre nosotros, su pueblo; en el acto penitencial se fueron escuchando nuestras confesiones particulares:

Yo confieso que he pecado mucho de omisión, cuando he vivido un tiempo alejado de Dios; y sólo volvía a él para pedirle algo.

Yo confieso que he pecado de pereza cuando he dejado de hacer o he retrasado lo que debía hacer.

Yo confieso que he pecado mucho de palabra cuando he descargado insultos contra mi familia, sobre todo, cuando esto lo hacía delante de mis hijos.

Yo confieso que he pecado de impaciencia y no he aceptado las debilidades de los demás.

Yo confieso que he pecado mucho de obra cuando he atentado contra la vida que Dios me ha dado con las drogas o el alcohol.

Yo confieso que he pecado mucho de palabra cuando he mentido, más aun, cuando he mentido con juramento.

Yo confieso que he pecado mucho de obra cuando he robado lo ajeno y sólo pensaba en mi necesidad.

En esta confesión, no sólo ante Dios, sino también ante los hermanos reunidos, participábamos todos: los confirmandos, los padrinos, los invitados, los sacerdotes, el Sr. Obispo. Nos sentíamos unidos por la humildad de reconocer nuestro pecado personal.

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Si hacía calor en la capilla por la temperatura que de esa mañana de julio, más fuego aun ardía en los corazones de todos cuando el Sr. Obispo fue imponiendo las manos y crismando con la señal de la cruz a cada uno de nuestros hermanos.

          Entre las preces de los fieles, además de las indicadas por el ritual, se escucharon otras escritas por  los internos:

Le pido a Dios tiempo para poder pedir perdón a las personas que he hecho daño.

Por todos los presos, para que nos ayude a sobrellevar bien nuestra condena y a pensar que cada día nuestra libertad está más cerca

Le pido a Dios que nos devuelva la fe en nosotros, para poder creer en los demás

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En el momento de las ofrendas, los internos fueron presentado el pan, el cáliz, las flores, la concesión de un primer permiso, uno de los diplomas entregados por Pastoral al terminar los cursos, unas fotos de la convivencia que Pastoral organizó en el Santuario de Guadalupe con alumnos de la SAFA de Úbeda, las cadenas rotas que la imagen de Ntra. Sra. de la Merced tiene en sus manos, por último, un interno del módulo 7 entregó un crucifijo hecho de marquetería, que después fue regalado al Sr. Obispo como recuerdo de esta celebración.

Llegó el momento de compartir la paz que cada uno habíamos recibido en nuestros corazones; todos intercambiamos los abrazos: funcionarios, internos, laicos, sacerdotes, Obispo. Realmente Jesús es el Cordero que quita el pecado que divide a los hombres.

La seguridad de que nada es imposible para el Dios que nos fortalecía en la comunión nos quitaba el miedo, las dudas ante el futuro.

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Es verdad que una foto no puede expresar tanta emoción y gracia vividas esa mañana, pero la foto nos serviría como testigo de ese acontecimiento que había sucedido dentro de la prisión; así lo pidió el Sr. Obispo y así fue. Todos juntos en una foto de familia de Dios.

El canto final fue una afirmación: El Sr. Obispo, la Iglesia, Dios puede contar con nosotros, los que vivimos por el tiempo de la condena en la cárcel de Jaén, los que trabajamos en ella como funcionarios y los que evangelizamos en ese lugar, enviados y en nombre de la Iglesia.

Por último, el Sr. Obispo les regaló a los confirmados el evangelio de Marcos, la vida de Lolo y nos invitó a todos a unos refrescos y aperitivos, tomados del economato, aunque él no pudo acompañarnos porque se iba a visitar al padre enfermo de un sacerdote.

La alegría, los cantos duraron hasta el momento en que había que volver al módulo.

Gracias al Espíritu Santo y a todos los hombres que han hecho posible esta celebración del sacramento de la CONFIRMACIÓN


En esta ocasión no ponemos oraciones propiamente dichas, sino cómo los internos que se iban a confirmar justificaban su petición y cómo vivieron aquel momento. Contemplemos lo que el Espíritu estaba haciendo en sus corazones.

¿POR QUÉ ME CONFIRMO?

Los que se iban a confirmar justificaron su decisión con estas expresiones:

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Aunque he estado mucho tiempo alejado de Dios, El no lo ha estado de mí, y gracias a El, he encontrado el camino y deseo continuarlo, haciéndoselo saber a todos.

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Porque necesito que se refuerce mi fe en Cristo nuestro Señor  y ser más cristiano.

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He comprobado que Dios es el único camino que uno debe seguir, si de verdad se quiere cambiar de vida.

Siempre pienso que si El lo dio todo por nosotros, ¿por qué no lo voy a dar todo por El.?

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Estoy haciendo un curso que se llama “CATECUMENADO”  Cada día estoy mas contento. En paz conmigo mismo; la alegría que tengo ahora. Hace muchos años la había perdido pero con la ayuda de Dios, la he vuelto a recuperar. Con lo poco que tengo soy feliz

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Al ingresar en prisión y recapacitar sobre mi vida pasada, me di cuenta de lo alejado que estaba de DIOS, pero El, me estaba siempre con los brazos abiertos como el Padre al hijo pródigo.

Afortunadamente he vuelto ha encontrar mi camino y espero con ilusión el día de mi Confirmación.

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Soy católico y quiero seguir el camino que mis padres me enseñaron desde pequeño: Seguir el Sendero del Señor y practicar su Palabra.

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Había perdido el rumbo de mi camino y gracias a la Pastoral, lo he vuelto a encontrar

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He sido bautizado, he hecho la Primera Comunión y ahora que puedo decidir por mi mismo, quiero reafirmar y confirmar mi fe en Jesucristo y seguir su camino.

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Hace tiempo dejé a Dios, apartándolo de mi lado;  pensé que no lo necesitaba. Aunque sé que ha sido un error, estoy convencido que Dios no condena a nadie y no duda en perdonar. Por eso, cuando me encontré aquí, entre rejas, me di cuenta que había perdido mi camino, el que debo seguir y así estar en paz con Dios.

Ese es el motivo de mi asistencia a la catequesis para la confirmación .Deseo que usted confirme mi fe.

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Quiero confirmarme para seguir el Camino de Jesús. Lo perdí hace tiempo, para seguir uno equivocado, y ahora que lo he vuelto a encontrar, no quiero perderlo, sino estar en El toda mi vida.

Lo voy a cumplir porque es lo más bonito que me ha podido pasar.

El encuentro con Jesús y hacer su voluntad es lo mejor que hay en esta vida.

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CARTA DE UNA VOLUNTARIA DEL EQUIPO DE PASTORAL

Le escribo para comunicarle mi deseo de confirmarme con los internos del Centro Penitenciario de Jaén II, ya que llevo dos años como voluntaria de Pastoral Penitenciaria y siento que ha llegado el momento de hacerlo.

          Me siento más segura que nunca de dar este paso, mis sentimientos al realizar esta labor se han magnificado y pienso que mi fe en este momento aflora por mis poros y es hora de dar un paso más que me lleve a experimentar lo que un verdadero cristiano siente por nuestro Señor y su casa (Nuestra Iglesia).

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Con estas palabras explican los confirmados

la experiencia de aquella mañana de la CONFIRMACION

 

          “Cuando iba para la Capilla estaba tranquilo, pero cuando comenzó la ceremonia me fui emocionando hasta el punto que tuve que controlarme para no llorar y así estuve hasta el final.”

          “Lo viví muy intensamente y pude ver lo mejor de las personas, porque ese día no hubo Obispo, ni curas, ni funcionarios, ni voluntarios, ni presos, ahí estaba un grupo de Personas, de Buenas Personas, un grupo de Cristianos.”

          “Recibí el calor y el amor de cada uno de los allí presentes, ese día recibí una inyección de vida, una inyección de Fe, fue tanto lo que recibí que no tengo palabras para expresarlo; Sólo Dios sabe lo que recibí, y a El le estoy agradecido porque sé que está  conmigo y que nunca me va a dejar.”

          “Ayer recibí el Espíritu Santo y me siento muy contento de haber encontrado a Dios y, aunque en algún momento eché en falta a mi familia, al momento me dí cuenta de que no estaba sólo y que mi familia estaba allí y, al momento, me puse contento y agradecido de pertenecer a la Familia de los Cristianos. Para mí ha sido el momento más importante de mi vida como cristiano y quiero agradecer a todos los que han hecho eso posible, porque para mí son un ejemplo a seguir y siempre ocuparán un lugar privilegiado en mi corazón durante el resto de mi vida”… “De verdad que os quiero con todo mi corazón, con mucho cariño”. M.M.

“Me ha parecido una experiencia extraña y, al mismo tiempo, agradable. Nervios y mucha alegría son las sensaciones que más he sentido y ahora me siento diferente”. J.F.R.

          “Para mí fue una cosa muy bonita y única, una experiencia inexplicable y aunque se echa mucho de menos a la familia, gracias a la Pastoral y Funcionarios que nos acompañaron, lo hicieron más llevadero. Para mí una cosa muy bonita e inolvidable. Gracias por todo a la Pastoral y a todos los que nos acompañaron”. J.G.C.

 

          “Ha sido profundamente emocionante, en ciertos momentos me sentí libre y muy cercano a Dios y a todas las personas allí reunidas.”

          “Es cierto que hubo un momento de soledad, pues sentí nostalgia de mi familia, sobre todo de mis hijos y mi querida mujer. Pero gracias a mis padrinos D. Manuel y Mª José (ellos fueron mi familia en ese momento), a Lerma que fue mi acompañante y al resto de compañeros, Pastoral Penitenciaria y al Sr. Obispo, me sentí querido y en paz con Dios y con el mundo”. A.C.G.:

          “Una frase que nunca se me olvidará fue la de mi madrina Dña. Antonia, dijo: “…he sentido más nervios que en la confirmación de mi hijo…”. Esa frase  me llegó a lo más profundo de mi corazón”. Haciendo una reflexión, pienso cómo una persona que apenas nos conoce, que sólo nos ve como personas, que no le importa lo que hemos hecho, puede sentir eso por mí.”

          “ Ahí es cuando confirmo que Dios es grande y se manifiesta con su amor a través de las personas y nos hace sentir que El nos perdona y nos lo hace llegar por medio de sus hijos, nuestros hermanos que en este caso son Dña. Antonia, D. Jesús, Dña. Carmen, D. José Luis, Dña. María Luisa, Dña. María José, Dña. Emilia, D. Manuel, D. José Luis Domínguez, Dña Luisa, en fin, todas las personas de la Pastoral, Funcionarios, que en un día tan especial para nosotros, están a nuestro lado; dejan sus quehaceres, sus familias, su tiempo, para estar con nosotros ya que desgraciadamente nuestra familia no puede hacerlo. Ahí están ellos, que al fin y al cabo también son nuestra familia”.

          “¿Quién hace esto posible?. Dios, Jesús que su amor, su pasión por nosotros es tan grande que con estos gestos lo pone de manifiesto diariamente”. A.G.R.:

 

          …”y con una tremenda emoción al sentirme con todas y cada una de las personas que estuvieron allí presentes. Tan querido y acompañado como si me hubiesen acompañado las personas más queridas de mi propia o verdadera familia…”. J.M.G.:

 

          “Para mí fue un momento muy esperado. Sentí como las palabras que decía el Sr. Obispo me llenaban de paz y felicidad a la vez que mi corazón se abría a Dios Padre:” 

          “En el momento en que el Obispo nos transmitió la bajada del Espíritu Santo, sentí una felicidad y se me llenó el corazón de espíritu libre y las ganas de hacer el bien a todas las personas que lo necesiten.” 

          “Hubo un momento en que me eché a llorar y eso para mí significa que Dios me tocó con su mano y me dijo: Ponte en camino, y eso es lo que voy a hacer: extender la palabra de Dios”. J.J.

          “Todo comenzó cuando D. José Luis nos invitó a apuntarnos al taller de CAT. Al principio no sabíamos lo que íbamos a hacer en ese taller, pero cuando D. Juan Cózar y Dña. María Luisa empezaron a dar el taller y empezamos a ir y a encontrarnos todos los lunes por la tarde y compartir en una fría habitación un rato con Jesucristo y cuando salíamos, nos encontramos con una ganas de seguir luchando mucho mayor. A mí, personalmente, me revolucionó el alma.

          Durante el año hemos ido conociendo la vida de Jesús y cada semana con más ganas, hasta que un día nos dijo D. Juan que nos íbamos a confirmar. Nos explicó en qué consistía y para mí, cuando llegó el sábado, estaba supernervioso y cuando llegamos a la Capilla y habló nuestro Obispo D. Ramón y los sacerdotes y todos los allí presentes y ni la gran alegría que allí había, me parece que ha sido uno de los días más felices de muchos tiempos.

          Ha llegado a mi vida la paz y la felicidad que necesitaba mi alma y así poder seguir a Jesús.” R.E.A.

 

          Ha sido una gran experiencia que volvería a repetir cuantas veces fuese posible. Ya desde la tarde anterior en la que fui invitado para un ensayo, fue maravilloso. Al día siguiente, sábado, el día en que me confirmaba, la espera me desesperaba. Yo estaba preparado (aseado) desde las ocho de la mañana. Me sentía algo nervioso y con ganas de que nos llamasen para ir a Capellanía.”

          “Una vez, según entraba y bajaba las escaleras para la entrada a la Capellanía fue todo una fiesta en mi corazón una emoción venía, un sentimiento… y es que hay tantas personas buenas en el universo. Se me acercaban todas las personas conocidas para abrazarme, saludarme, darme un beso y amor, cariño”.

          “No recuerdo haber tenido un recibimiento de este tipo jamás en la vida. Intenté estar tranquilo en cada acontecimiento puesto que no existía motivo alguno para no estarlo. El señor Obispo, una persona muy simpática, muy agradable, nos contaba anécdotas que nos hacían reir. Por parte de los dos sacerdotes fue una misa en armonía, sus mensajes me llenaron bastante. Terminada la celebración comenzó otra nueva fiesta de fotos, abrazos y un gran banquete para refrescarme la boca y degustar unos variados entremeses. Una maravilla”. P.E.

          “Para mí ha sido uno de los momentos más agradables de mi vida. Me he emocionado mucho por cómo se dirigía el Obispo con tanta paz y amor que transmitía cuando hablaba. Me emocioné mucho y me encontraba lleno de alegría y de paz”. E.B.M.