SALIDA CULTURAL A JAÉN. 18-05-2013

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Álbum de fotos

El sábado, 18 de mayo, tuvimos de nuevo una salida, en esta ocasión cultural, con internos de la UTE que participan en los talleres de Pastoral. A pesar de que el tiempo no nos acompañó pudimos disfrutar de un intenso día y, tras el tradicional desayuno con churros, visitar el Castillo de  Jaén donde Teresa, guia del Ayuntamiento,  nos explicó su historia y posteriormente la Cámara Obscura en el Paseo de la Alameda. Tras una divertida  comida en un restaurante de las afueras tuvimos un encuentro con las monjas de clausura del Convento de las Bernardas en el que nos dieron la oportunidad de  conversar con ellas. Esta es la crónica que Miguel Ángel  Garcia Moreno ha hecho sobre esta salida:

magHora: Las 9 de la mañana.  La entrada del Centro Penitenciario, junto a la barrera levadiza, era el punto de encuentro al que fuimos acudiendo puntualmente los cuatro voluntarios y voluntarias de la Pastoral, y las tres universitarias en prácticas de Educación Social. Una baja sensible era la del alma de este proyecto pastoral, el padre don José Luis, afectado por una inoportuna gripe. Pocos minutos después, un grupo de 9 internos  junto a un funcionario recorrieron el tramo de asfalto que les separa de “la calle”.

Tras las oportunas presentaciones, nos distribuimos entre los cuatro vehículos disponibles y nos dirigimos a la ciudad, para desayunar churros en un céntrico establecimiento cerca de Correos. Allí se nos unió otro interno que, durante su permiso de salida, quiso venir con su mujer y sus dos hijas a pasar la jornada con nosotros.

Acto seguido regresamos a los coches, rumbo al Castillo de Jaén. Allí la mañana se tornó desapacible, con frío, viento y llovizna, pero contamos con las interesantes explicaciones de una amable guía que nos reveló los entresijos del recinto fortificado desde su construcción en época islámica hasta su abandono por las tropas napoleónicas. También se nos incorporó otro grupo de voluntarios de la pastoral que venían desde Mancha Real, con lo que formamos un nutrido grupo de unas treinta personas.

Nuestro siguiente destino se encontraba dentro de la ciudad. La sala oscura, recinto donde unas enormes lentes proyectan sobre una bóveda lisa imágenes de toda la ciudad y alrededores. Pudimos contemplar montañas de las sierras, cortijos en la lejanía, tejados de edificios emblemáticos como la catedral, vehículos circulando por las carreteras y hasta gente que caminaba por la calle a kilómetros de distancia.

Finalizada la mañana era el momento de tomar fuerzas, para lo que nos dirigimos a un establecimiento situado en las afueras donde pudimos degustar riquísimas migas y huevos fritos con chorizo, y reforzar la amistad entre internos y voluntarios.

Atardeciendo, el Convento de las Clarisas era nuestra última parada del día. Durante más de una hora, con una reja por medio, un grupo de unas veinte monjas de clausura nos contagió de su optimismo, dejándonos asombrados por su forma de irradiar alegría a pesar de llevar una vida entregada a la oración sin prácticamente contacto con el mundo exterior. Interesante coloquio entre aquellos que permanecen casi aislados entre unos muros en contra de su voluntad, y aquellas que lo hacen por propia elección. Antes de finalizar la cordial entrevista, quisieron despedirnos con un par de canciones, a la guitarra, que nos llevaron a la reflexión sobre las difíciles pruebas a la que la vida nos somete.

Llegó el momento de cambiar las rejas de clausura por las otras: Las de la prisión, las del grueso muro de hormigón, la diminuta ventana que da al patio. Las del estruendo cuando se echa el cerrojo… y tras un corto trayecto en carretera de nuevo nos encontrábamos en la entrada del centro penitenciario, donde nos despedimos con calurosos abrazos y cómplices choques de manos. Los internos caminaban a su reclusión satisfechos, por un día en que se habían olvidado de recuentos, de bandejas, de economato, de innumerables normas de comportamiento, de interminables horas de patio y de rutina en general. Haber contribuido a ese olvido por un día era la satisfacción de los que quedábamos al otro lado de la barrera levadiza. Sin duda merece la pena.


Como acostumbramos a hacer les pedimos a los internos tras su regreso a prisión que expresaran sus sentimientos por escrito para hacerse y hacernos mas conscientes de lo vivido durante el día y estos fueron sus comentarios:

DSC01293Francisco Jesús: Me sentí feliz por estar libre por Jaén y me emocioné cuando subimos a la Cruz del Castillo. También me emocionó ver a las monjas de clausura.

Me hubiera gustado que nos acompañara D. José Luis, pero estaba enfermo.

Yo les dirá a los compañeros del Centro que se pasa bien sin necesidad de hacer nada ilícito.

DSC01266José Ángel: Fueron sentimientos de alegría y emoción por estar con mi mujer y mis hijas en una convivencia que pasé genial. Los momentos que más emocionaron este día fue desde el desayuno y poder estar con mi familia y con la familia de Pastoral.

A mis compañeros les diría que pongan en práctica esa humanidad que nos brindan cuando salimos y que no se queden en una simp`le salida al exterior que para disfrutar de libertad ya tendremos tiempo. Que seamos mejores personas se consigue con la práctica de amar a los demás y aprender día a día de los seres más queridos.

Una vez más MUCHAS GRACIAS A PASTORAL. Me aportáis mucha felicidad y el vacío que me queda de no estar con familia lo llenáis vosotros. ¡Que Dios os bendiga!

Marisa :  Tuve sentimientos de felicidad y alegría por las muchas muestras de cariño que recibimos ese día.

Me emoción la visita a las Clarisas del Convento de las Bernardas. También me gustó la comida todos juntos que me dio ocasión de poder conversar con todos los compañeros.

Espero que en próximas salidas contéis conmigo en las que se pueda pues, tanto mis hijas como yo, disfrutamos mucho.

DSC01392Diego: Me lo pasé de maravilla en el castillo, pues aunque lo conocía no sabía la belleza y la historia que hay entre sus muros. Yo siempre iba a lo mío.

Cada salida que realizo con Pastoral me siento vivo. Me alegré mucho por el compañero que disfrutó de su familia.

Con esto, me doy cuenta del valor que tiene las cosas y, sobre todo, esa familia que uno tanto quiere.

Me hubiera gustado hablar más con las hermanas Clarisas. Fueron momentos de paz y gozo que toda mi vida llevaré en mi corazón.

A mis compañeros les diría que se dejen de rollos pues se puede vivir sin drogas y que si salen con Pastoral que lo agradezcan pues les valdrá como me ha valido a mí, que es ver las cosas desde otra perspectiva.

Quiero dar las gracias a los voluntarios de Pastoral y a los Tutores que hacen estas salidas realidad