CONVIVENCIA CON LA PASTORAL DE MARISTAS

DSCN0745-eEmpezamos el día en la sede interparroquial de Cáritas y de la Delegación Diocesana de Pastoral Penitenciaria. Los voluntarios llegamos antes. Yo por lo menos estaba nerviosa y con ganas de que los internos llegaran ya para empezar el día, aunque por el tiempo no sabíamos muy bien si íbamos a subir al castillo de Sta. Catalina o íbamos a ir al colegio Sta. María de la Capilla a jugar unos partidos de fútbol con ellos.

Cuando llegaron los internos nos sentamos en circulo y comenzamos a presentarnos pero de manera diferente, es decir teníamos que repetir los nombres de todos los que antes se habían presentado, la verdad que fue un momento divertido por la memoria de algunos. Tras esto comenzamos el desayuno, churros con chocolate, y fue ahí donde empezamos a hablar los unos con los otros. El momento de recoger fue sorprendente, entre todos no tardamos ni un minuto, gracias a la colaboración de todos.

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Tuvimos que decidir si hacer o no la ruta al castillo y nos arriesgamos a que nos lloviese. En la subida, yo la verdad que estuve un rato con todos los internos, me sentí muy a gusto hablando con cada uno de ellos y preguntándoles sobre las aficiones que en la presentación dijeron que tenían. Cuando llegamos al castillo todos estábamos muy cansados y fuimos a la cruz. Desde allí fuimos identificando los edificios y monumentos más bonitos de Jaén. Para algunos era la primera vez que subíamos por allí y se podía ver en sus caras la ilusión por estar allí. La bajada fue mucho mejor, nos paramos en el mirador que hay en el tomillo para ver la catedral más cerca. Fuimos bajando al igual que en la salida hablando unos con los otros.

Al llegar al colegio comenzamos a poner la mesa entre todos yIMG_1132_e comenzamos a comer. Tras la comida llegó el café, un momento donde todo eran risas, chistes por aquí y chistes por allá. Tras eso tuvimos un pequeño intercambio de sensaciones del día,  que se podrían concluir en el sentimiento de alegría y de sorpresa, sintiendo casi todos que estábamos en familia, todos iguales los unos a los otros.

Fuimos al oratorio y tuvimos la Eucaristía. Para mí fue de los momentos más especiales, el último domingo de cuaresma y tengo la suerte de celebrarlo con personas que  a veces olvidamos que existen.Las lecturas y plegarias fueron ideales para expresar el amor de Dios por los más débiles  y lo importantes que somos uno y cada uno de nosotros para él. Se podía percibir en el ambiente la emoción de celebrar y la sensación de sentirse amado y no olvidado por Dios. En el transcurso de la celebración, con un monigote con un corazón para cada uno, teníamos que escribir en post-it los valores que habíamos visto los unos en los otros, al final de este momento miraba a los internos y veía en ellos una sonrisa dibujada en su cara por haber recibido tantos valores, tenían la hoja llena de post-it unos tapando a otros. Comulgamos los que quisimos y tras esto rezamos el padrenuestro todos juntos cogidos de la mano. Ese momento me pareció muy especial, rezamos como si fuésemos hermanos. Tras esto llegó la despedida sus caras denotaban la tristeza de volver al centro y en mí la alegría de haberlos conocido y la incertidumbre de si nos volveríamos a ver alguna vez, eso sí que cuando nos veamos ellos ya gozaran de la libertad arrebatada.

Ahora toca lo más difícil y es encerrar en palabras lo que en ese día pude sentir y lo que todavía siento, es tan grande el sentimiento de haberlos conocido para mí que no hay una palabra que lo describa, pero sí puedo decir que por mi carrera conocía el centro penitenciario, sus normas, sus módulos e incluso a algunos de los internos que salían ese día con nosotros, pero a pesar de conocer su casa, no conocía como eran ellos personalmente  y me alegro de haberles conocido y que abrieran su corazón a mí y a los demás como yo y el resto de voluntarios intentamos hacer con ellos. Necesitaba algo así, para sentir una vez más que Dios está con y en cada uno de esos internos, puesto que Dios opta por los más débiles, sentí que Dios me amaba dándome la oportunidad de conocer a una parte de su rebaño y que Dios los amaba a ello haciendo que otra parte de su rebaño ni le tire piedras y ni mucho menos que los tenga olvidados,  yo como los demás voluntarios, podremos olvidar sus nombres pero nunca olvidaremos sus caras ni los que nos han hecho sentir, para mí son personas increíbles que nos acogieron de manera inolvidable. Al despedirnos sentí que un trozo de mi se iba con ellos y que un cachito de ellos se quedaba con los voluntarios.

Si vosotros internos leéis esto, sabed que cada mañana que me levante me acordare de cada uno de vosotros y os tendré presentes en mis oraciones, sabed también  que en mi como en mis compañeros habéis dejado huellas que no se borran con facilidad, sabed que no os tiramos piedras sino que tenemos el corazón acogiéndoos. Gracias  a Dios por cada uno de vosotros, por vuestras sonrisas, por vuestras bromas, por vuestra acogida, por vuestro testimonio, por vuestra persona. En definitiva por vosotros. No olvidéis que sois ovejas del rebaño de Dios, yo no olvidare ser testigo de Dios en vosotros por el mundo, porque en vosotros se ve a Dios y a su amor, gracias a vosotros he recuperado el sentirme querida e importante para Dios a través de vosotros.  Emocionáis con vuestra vida y con vuestra forma de ser. Solo puedo decir Gracias a vosotros por venir y a Dios por brindarme el regalo de haberos conocido.

Ana