VISITA A VILLANUEVA DEL ARZOBISPO

Visita con la Pastoral Penitenciaria a Villanueva del Arzobispo.

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POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA MORENO DESDE EL MÓDULO 3 DE LA PRISIÓN DE JAÉN.

Ha sido la excursión más concurrida de las tres a las que he asistido, así que en esta, mi tercera crónica, me resulta imposible recordar los nombres de las alrededor de 20 personas que salimos del centro penitenciario aquella soleada mañana de diez de abril. El padre don José Luís, junto a doña Emilia y su marido don Manuel, nos esperaban para realizarnos las protocolarias fotografías de grupo antes de subir al autobús.

A la altura de Mancha Real recogimos a dos matrimonios, voluntarios de Pastoral, que aún no nos conocían pues hasta el momento habían centrado en el módulo 1 (UTE) su generosa labor. Fue en Baeza, durante nuestro desayuno oficial (churros+chocolate) cuando, al sentarme entre ellas, tuve ocasión de charlar con doña Emilia y doña Ana Ruiz Villanueva que, junto a su marido, se había unido a la expedición en Mancha Real. Ésta última me dedicó un tríptico con su firma donde se hacía referencia a su última exposición de pintura al óleo llamada “Arco Iris”, donde queda de manifiesto su predilección por el retrato sobre lienzo de mujeres africanas.

Retomamos después nuestro largo recorrido, al menos el más largo que yo he rodado con la Pastoral. Al divisar en el horizonte, la atractiva localidad de Iznatoraf, situada sobre un cerro, supimos que faltaba poco para alcanzar nuestro destino. Nuestro autobús se detuvo en la entrada de la Ermita de la Fuensanta en cuyos exteriores nos realizó don José Luís otro set fotográfico mientras llegaban en sus vehículos particulares los voluntarios de Villanueva del Arzobispo.

Después de distribuirnos, emprendimos un recorrido rural de varios minutos en el que cruzamos el río y llegamos a una pequeña ermita situada en mitad de la vegetación donde fuimos recibidos de forma entusiasta por otra serie de voluntarios que habían estado preparándolo todo.

Como también es tradicional en los encuentros organizados por Pastoral Penitenciaria, formamos un corro en el que todos nos entremezclamos y, brevemente, fuimos presentándonos uno a uno. La mayoría de los que nos recibían procedía del mundo de la docencia, aunque no eran muchos los que quedaban en activo. Nos llamó la atención el hecho de que uno de los más jóvenes que allí nos recibieron se presentase como el cura de la ermita. Tan natural, tan campechano y con tanto sentido del humor, bien hubiera podido pasar perfectamente por uno de nosotros. Casi a punto de terminar con estas presentaciones preliminares, llegaron Esther (profesora de inglés) con su marido “Code” y sus hijos Alex y Nacho.

Pasamos al interior de la ermita y se improvisó un besamanos con Jesús del Monte, con lo cual no tardamos en comprender que, a pesar de sus reducidas dimensiones, aquel pequeñísimo emplazamiento cristiano rodeado de naturaleza suponía todo un eje de devociones en torno a Jesús del Monte.

Salimos para caminar unos minutos cuesta abajo a través de un sendero que conducía al recóndito paraje llamado Fuente del Avellano, al que se accedía deslizándose entre la vegetación. Nos refrescamos con el agua de aquel riachuelo que manaba a la sombra de los árboles y nos hicimos gran cantidad de fotos, durante las cuales tuve ocasión de conocer a Sebastián, el Presidente de la Hermandad Obrera de Acción Católica de Linares, con quien resultó que tengo amigos linarenses comunes.

Regresamos a los aledaños de la ermita y nos sentamos alrededor de la amplia mesa, que ya se habían encargado de cubrir completamente con raciones de todo tipo. Aquel almuerzo, que inevitablemente quedó dividido en pequeños grupos según quien se sentase a nuestro lado, nos sirvió para conocernos un poco mejor. Puso fin a la comida un postre donde pudimos elegir entre naranjas, plátanos y pestiños.

Entonces llegó también el ineludible e indispensable momento de reflexión acerca de lo que había supuesto la convivencia para cada uno de los presentes. Retiramos todas las mesas y colocamos las sillas en círculo. Uno a uno, tomamos la palabra. Algunos atestiguaron haber percibido HUMANIDAD en el trato recibido y dispensado recíprocamente. Otros, GENEROSIDAD. Un chico de Villanueva del Arzobispo se sentía satisfecho al haber comprobado con qué poco se podía hacer feliz a los demás. Otra chica de la localidad afirmaba que la convivencia le había supuesto una especie de reencuentro con su interior. Pero lo que más le gustó a don José Luís que se comentase en varias ocasiones es que estás convivencias servían para arrinconar los prejuicios sobre la población reclusa ya que, como todos y todas podían comprobar, los internos éramos personas de lo más normal.

Después, un señor y una muchacha del Prendimiento nos repartieron estampas con las imágenes titulares de su Hermandad, a lo que no pude evitar corresponder entregándoles yo una de la Virgen de la Esperanza de Linares, aunque estaba algo deteriorada por permanecer en mi cartera desde el inicio de mi estancia en prisión hace veintidós meses.

Rodeados de frondosas arboledas, y junto a aquella verdísima elevación montañosa, sacaron al exterior de la ermita la imagen de Jesús del Monte, organizando a su alrededor una misa al aire libre, oficiada por aquel jovencísimo cura. A continuación, don José Luís nos guió a través de la reflexión acerca del concepto de resurrección, que no debe quedarse sólo como el glorioso final de la pasión de Jesús (para el que tan sólo faltaban dos semanas) sino como nuestra propia resurrección interior. Uno a uno fuimos colocándonos junto a la imagen de Jesús del Monte para tomarnos junto a Él una fotografía como lo que es al fin y al cabo: Un amigo que, si queremos, nos acompaña durante todo nuestro trayecto vital. Posteriormente, entre besos y abrazos, y con cierta pena, nos despedimos de nuestros anfitriones.

En varios coches nos regresaron por la misma carretera hasta el autobús y, conforme íbamos subiendo las escaleras, a cada uno nos entregaron una botella de Cazorliva, un estupendo aceite de oliva virgen extra.

Durante el viaje de regreso, don José Luís nos dio a conocer a través del hilo musical del bus el tema “Estoy contigo”, interpretado por Magaly Rivera, del cual me encargó pocos días después realizar un montaje fotográfico, con imágenes de Jesucristo, de la prisión y de la libertad.

A la altura de Mancha Real, bajaron las dos parejas que por la mañana se nos incorporaron y pocos minutos después habíamos llegado a nuestro destino.

Miguel Ángel García Moreno.