CONVIVENCIA EN MANCHA REAL

TESTIMONIOS DE LOS INTERNOS

 

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El pasado 27 de marzo esta Delegación organizó una convivencia en Mancha Real entre  feligreses de la parroquia de la Encarnación, voluntarios de P. Penitenciaria e internos del C.P.

A las 9’00 h. llegábamos a Mancha Real, nos esperaban en la COOPERATIVA DE SAN FRANCISCO un nutrido grupo de gente con los que rápidamente establecimos sintonía, hicimos las presentaciones y comenzamos la jornada. En esta ocasión el desayuno no consistió en la tradicional parada que Pastoral acostumbra a hacer para tomar churros, pues nos habían preparado en la misma almazara un abundante desayuno en el que pudimos probar las habas con bacalao, queso, jamón y el mismo aceite producido en la almazara, además del café con leche, zumos y roscos o madalenas.
Tras el desayuno, Cristóbal, maestro de la Almazara, nos hizo un recorrido por la misma, explicándonos el funcionamiento y todo el proceso que sigue la aceituna desde que llega allí hasta que sale convertida en aceite, así como el mantenimiento de la maquinaria.

Aquí es justo introducir un comentario. La dirección de la Almazara aceptó con gusto que desayunáramos en sus dependencias y se comprometió a los gastos del desayuno; pero Cristóbal, después de estar con nosotros, ha querido él sólo correr con todos los gastos de aquel “banquete” de la mañana. ¡GRACIAS!

De allí marchamos a la Ermita de la Inmaculada en donde Ana y Josefina, del equipo de Pastoral Penitenciaria, hicieron un pequeño rezo a la Virgen acompañadas a la guitarra por don Javier, el párroco, con el que consiguieron emocionarnos. Terminada la oración, partimos para una marcha a través de un bonito pinar en las afueras de Mancha Real. Este recorrido por el pinar duró cerca de una hora y media y nos sirvió para conocernos algo más,  hacer algo de ejercicio y disfrutar de la naturaleza.

De vuelta, en el patio de  la ermita nos esperaban los cocineros con la paella. Antes de la comida nos ofrecieron los aperitivos: chorizos, panceta, gambas… todo a la plancha con su buen olor y sabor (véanse las fotos).  Impresionante el despliegue de habilidades culinarias de todos, la abundancia y la generosidad con la que prepararon la comida. Nos reunimos unas cuarenta personas. Los cocineros tuvieron un buen detalle con un interno musulmán, que participaba en la salida; hicieron para el solo, una paella sin carne de cerdo.

En el mismo patio de la Ermita a la hora de los postres y el café tuvimos tiempo para exponer las impresiones personales acerca del día transcurrido,  todos participamos y, como siempre, destacaron las intervenciones  de los internos al exponer el contraste que les supone la vida diaria en prisión y un día de libertad como este.

Para terminar esta convivencia, nos dirigimos a la parroquia para celebrar la Eucaristía en la que también pudimos participar todos y sentir la presencia de Dios, que nos había acompañado en un día como este. De allí nos dirigimos a los coches para regresar al Centro. Tras una afectuosa despedida se volvía hacer presente lo que alguien había dicho en la comida: “siempre que se da se recibe más”.

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COMENTARIOS DE LOS INTERNOS TRAS LA SALIDA Y DE LA COMUNIDAD DE LA ENCARNACIÓN