CONVIVENCIA CON LA COFRADÍA DEL PERDÓN

Álbum fotos

POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA MORENO DESDE EL MÓDULO 3 DE LA PRISIÓN DE JAÉN.

En esta ocasión, éramos tres los compañeros del módulo 3 que asistiríamos a la salida programada por la Pastoral Penitenciaria: Francisco, Sergio y yo. De camino al exterior, a la altura del módulo 7, se nos incorporaron los internos Antonio, Mohamed (de Linares) y Mihai, con los funcionarios que nos acompañarían durante la jornada, D. Antonio y D. Ventura. Finalmente se nos unieron Hassan, Mohamed (de Málaga) y Pepe, del módulo 9. Tras la siempre pesada labor de “huellar” en el departamento de ingresos, cruzamos los varios portones metálicos que se elevan de forma automática hasta que alcanzamos la barrera de acceso al Centro. Esperándonos se encontraban las voluntarias de la Pastoral, Maria José (profesora de informática en el módulo 1) y Carmen (profesora de catecismo en el módulo 7), con dos miembros de la Cofradía del Perdón que, al ver que con nosotros venían tres compañeros musulmanes, se apresuraron a telefonear para que no agregasen nada de cerdo entre los ingredientes de la comida que nos estaban preparando. Con ese detalle quedó de manifiesto que nuestros anfitriones no estaban dispuestos a dejar escapar ni un sólo detalle para que todos sus invitados nos sintiéramos bien agasajados.

Nos distribuimos en cuatro vehículos particulares y emprendimos la marcha. Durante el camino, Francisco, Sergio y yo comenzamos a charlar con nuestro conductor, presentándose éste como Rafa, el Hermano Mayor de la Cofradía. Algunos pasajeros no habíamos visto Jaén hacía tiempo, así que él nos iba comentando los recientes cambios producidos en la ciudad, sobre todo el desarrollo, el trazado y las pruebas que se están realizando para el flamante tranvía, del que nos contó a modo de anécdota que un par de días antes ya se había dado el primer castañazo contra un coche que circulaba deficientemente.

El desayuno.

Hicimos la primera parada en la sede de la Pastoral Penitenciaria, donde nos esperaba el sacerdote y alma mater, don José Luís, con otros y otras cofrades. Accedimos a una pequeña sala de juntas donde tuvimos ocasión de presentarnos mientras tomábamos el desayuno oficial de la Pastoral Penitenciaria de Jaén durante las salidas programadas: Roscas de churros con chocolate. Nuestro compañero Antonio cumplía años, así que tampoco faltó la canción del cumpleaños feliz. Durante aquella primera toma de contacto también me enteré de que la advocación mariana del Perdón de Jaén es la Virgen de la Esperanza, la misma que en mi Hermandad, la Expiración de Linares. En torno a aquel familiar desayuno amenizado por las bromas de don José Luís, quien siempre nos hace reír, nos congregamos, además, el voluntario Manolo Calahorro (cursos de Biblia, y Convivencia en Pareja en el módulo 4), Esther (mi profesora de inglés) y algunos miembros más de la Cofradía, como el vice-fabricano del paso del Perdón, el vocal de cultos, varios hermanos de base, y Mari Carmen, la esposa del Hermano Mayor. Ella nos explicó que debido a su formación académica y a su profesión, relacionada con la historia, sería nuestra guía durante el recorrido monumental que nos tenían preparado.

Durante el trayecto hacia la catedral, el clima agradablemente soleado y los escaparates llenos de carteles alusivos a la Semana Santa me evocaron gran cantidad de recuerdos relativos a abril de 2002 (justo nueve años antes) cuando, después de haber estado trabajando en Madrid, llegué a Jaén para comenzar en una empresa de telecomunicaciones. Y también justo unos meses antes de que irrumpiera definitivamente en mi vida quien, provocando mi ingreso en prisión, más perjuicios han causado en mi entorno familiar.

La Catedral, el arco de San Lorenzo, y la Judería.

Nuestra primera parada tuvo lugar en la Plaza de Santa María, ante la fachada de la Catedral, que plasma el protagonismo de Fernando III, situado en el centro de la balaustrada en homenaje a su condición de rey conquistador. Después de observar la gran cantidad de ventanas y balcones que envuelven al templo por fuera, me di cuenta de que se habían unido a nuestra expedición el educador del módulo 7 don Jesús, y su esposa y monitora de taller ocupacional doña Antonia. El emblemático Santo Rostro está esculpido en piedra en la parte superior del balcón central, aunque no pudimos verlo debido a que algún iluminado tuvo la brillante idea de utilizar la espectacular fachada como si de un expositor se tratase, colocando delante un inmenso cartelón invitándonos a la Jornada Mundial de la Juventud.

Aunque visité este monumento hace 20 años (con el instituto de bachillerato Cástulo) la verdad es que esta visita me sirvió para refrescar muchos datos que había olvidado, gracias evidentemente a la altruista e inestimable labor divulgativa de Mari Carmen. Entre otras muchísimas referencias, nos explicó que el arquitecto fue Andrés de Vandelvira, aunque él no llegó a verla concluida, ya que la construcción (sobre una antigua mezquita que se derribó previamente) duró casi 300 años, periodo dividido en varias fases.

Nuestro recorrido interior comenzó en el coro, donde destacaba la gran ornamentación de su sillería dedicada a explicar en imágenes la vida de Jesús. Llama la atención (a mí al menos) que bajo el pavimento de todo el edificio se encuentran enterrados numerosos obispos de la ciudad que murieron en el ejercicio de su ministerio. Sus tumbas están señaladas por magníficas losas de mármol.

Antes de acceder a la sacristía, nos detuvimos a contemplar el cuadro de San Cristóbal transportando al Niño Jesús. La sacristía era una estancia grandísima, con una composición de arcos y 80 columnas en parejas que resuelve todas las necesidades de luz y espacio y que, por mobiliario y ornamentos, a Mari Carmen le recuerda más a un salón de baile.

También subimos a la torre “muda”, y a los balcones a través de los que antiguamente se mostraba al pueblo y a los peregrinos el paño con el Santo Rostro, bajando a continuación para acercarnos al relicario donde se custodia dicha reliquia.

Antes de salir, observamos dos pinturas. Primero la del Rey Fernando III. Y después la de “La Virgen de las Tijeras”, donde San José tiene al Niño Jesús en brazos y María, con utensilios de costura a su lado, parece pedírselo. La tradición atribuye a este cuadro de la Sagrada Familia facultades para conceder deseos si el observador es capaz de descubrir la localización de las tijeras.

Abandonamos la catedral y nos dirigimos al Arco de San Lorenzo, otro monumento delante del que, en su momento, durante mi residencia en Jaén, pasé varias veces, aunque jamás imaginé lo que albergaría en su interior. Cruzando la pequeña puerta, cuyas llaves tenía Mari Carmen, había que ascender unas escaleras para llegar a una minúscula capilla abovedada, adornada con mosaicos de cerámica mudéjar y presidida por un minimalista Cristo crucificado. Recorriendo una especie de pasadizo ascendente llegamos a un salón donde se exhibían varias pinturas antiquísimas, una de ellas sobre Jesús Nazareno de Jaén.

Al salir decidimos adentrarnos la Judería, que se encontraba muy cerca. Para ello caminamos cuesta abajo durante varios minutos a través de algunas angostas calles. Todos los edificios de esa zona eran blanquísimos y los nombres de las calles aparecían en castellano y hebreo. En la parte derecha de la puerta de entrada a una de las casas, observamos un pequeño saliente de madera de unos 10 centímetros de alto. Según nos explicó Rafa, era lo que tocaban los judíos para alejar los malos espíritus cada vez que entraban. Lo último que vimos de la Judería fue un monumento consistente en un enorme pero sencillo candelabro de siete brazos situado en mitad de una plazoletilla.

La convivencia con los hermanos del Perdón.

Exhaustos después de la caminata, y siendo la hora de comer, pasar por delante de los juzgados de lo penal donde un día fuimos condenados, no nos hizo perder el apetito, afortunadamente. Seguidamente llegamos a la parroquia de Cristo Rey. Dentro, atravesamos algunos pasillos y dependencias hasta salir a un pequeño patio con hierbabuena y enredaderas compartido entre el Perdón y otra Hermandad. Varios hermanos más nos acogieron calurosamente sin perder su sonrisa ni un solo minuto.

Una larga mesa con todo tipo de aperitivos nos esperaba, pero varios de nosotros preferimos antes que mostraran un almacén donde conservaban gran cantidad de enseres pertenecientes a la Cofradía del Perdón: Báculos, varales y techo de palio, faldones de terciopelo, bambalinas, guardabrisas, bordados, cruz de guía y la talla de San Pedro Apóstol, que también aparece en el título de la Hermandad.

Satisfecha nuestra curiosidad cofradiera, abandonamos el almacén y fue entonces cuando, entre amenas charlas, todos comenzamos a conocernos un poco mientras tomábamos unos refrescos sin alcohol y degustábamos tortilla de patatas, canapés, embutido, empanada, aceitunas… y un exquisito arroz con pollo y gambas que no tenía nada que ver con el cemento amarillo con guisantes y habicholillas que nos ponen los domingos en el Centro.

Para que nos lleváramos un recuerdo físico de la Hermandad, nos obsequiaron con unas estampas de sus sagrados titulares y los boletines anuales de Cuaresma que editan con el nombre de Perdón, Amor y Esperanza. Una admirable publicación de 145 páginas (24 a color) a través de la cual pude apreciar, echándole un vistazo allí mismo, la notable obra social que lleva a cabo esta Hermandad: Aportan el mobiliario y una cantidad económica fija mínima anual para un centro destinado a personas mayores llamado “Virgen de la Esperanza”; colaboran en ONGs de cooperantes en zonas subdesarrolladas como el sur de Mauritania; e invitan a internos y profesionales del Centro Penitenciario que lo deseen a procesionar en penitencia tras Jesús del Perdón el Miércoles Santo.

Yo pude hacerme con dos de estos boletines. Uno de ellos indudablemente para la colección particular que tengo en casa de mis padres, y el otro para mi compañero Arjona, del módulo 3, que al ser hombre de trono de Ntra. Sra. de la Paz de Málaga, le hubiera encantado poder asistir con nosotros a esta salida programada cofrade.

Integrantes de la Hermandad y de la Pastoral solicitaron a nuestro compañero Antonio que pronunciase unas palabras. Él comentó que, como es lógico, le hubiera encantado pasar su cumpleaños con su familia, pero al menos, estaba pasándolo (dentro de aquella ausencia) con otra familia formada por todos los internos, funcionarios y cofrades reunidos alrededor de aquella mesa.

Seguidamente, y “a traición”, me pidieron a mí que también pronunciase unas palabras en representación del módulo 3. Me quedé un poco parado porque la verdad es que improvisar discursos no se me da nada bien, pero vencí mi timidez e intenté hacerles ver a los asistentes lo reconfortante que resulta para nosotros poder evadirnos aunque sólo sea por unas horas de nuestra atosigante rutina diaria. No deje escapar la oportunidad de mostrarme públicamente encantadísimo, al ser yo hermano de la Cofradía de la Esperanza de Linares.

Acto seguido tuvo lugar otra sorpresa, en este caso para Antonio. Para celebrar su cumpleaños, tuvieron el detalle de traer una tarta helada, velas incluidas para que las soplara. Además, una cofrade le regaló un pequeño penitente, a modo de broche, elaborado en tela con los colores del guión de la Hermandad.

Junto a la Virgen de la Esperanza.

Aún quedaba lo que yo, especialmente, llevaba esperando toda la jornada que era contemplar el altar de cultos preparado para el Triduo en honor al Perdón. Abandonamos el patio, cruzamos ligeramente la sacristía y ya estábamos en el templo de Cristo Rey. Allí se encontraban los sagrados titulares. Un Cristo que conmueve, atado a la columna, mirándonos desde arriba, sobre la peana de alpaca plateada perteneciente al paso de palio. Abajo, a su derecha, San Juan Evangelista, imagen clásica de vestir, acompañando a María de la Esperanza, semblante clásico de Luís Álvarez Duarte, con su hoyito en la barbilla y lágrimas oscuras dando un aire macareno “que tira pa’trah”. Imagen de candelero que lucía fajín de hebrea, rosa de pasión en plata para su mano izquierda y, a sus pies, corona de espinas. Escena custodiada por faroles, bacalá y guión concepcionista, y adornada con poquita cera pero con gusto, bien distribuida sobre piezas de la candelería del palio.

Como preso te lo pido, no llores más Madre mía,

que tus lágrimas me queman, y consumen mi alegría.

Tomamos asiento en los bancos para asistir a dos pequeñas pero interesantes disertaciones. En primer lugar, un vocal de la Hermandad tomó la palabra para exponer la composición del altar, aunque tampoco quiso extenderse demasiado. Posteriormente, un jovencísimo sacerdote de la parroquia, que también nos había acompañado durante la degustación del arroz, nos estuvo explicando la estructura el retablo del altar mayor, una pintura obra del linarense Francisco Baños en cuya parte inferior me encantó el detalle de que mi paisano retratase a otro paisano como es Lolo, quien pronto será reconocido como San Manuel Lozano Garrido.

Como broche de oro a esta jornada en la que reinó la concordia, nos hicimos unas fotografías de grupo ante los titulares del Perdón, primero sólo los internos del Centro, y después mezclados con los cofrades. Tras esto, salimos de la parroquia y nos despedimos cordialmente de ellos, deseándonos entre los cofrades buena suerte con el tiempo para esta Semana Santa y esperando volver a vernos muy pronto.

Íbamos bien de tiempo, así que para ayudarnos a estirar un poco más aquella jornada en libertad, los funcionarios y las dos voluntarias de Pastoral nos llevaron primero a tomar un café a una cafetería y luego hasta la cruz del castillo, donde también nos hicimos fugazmente otras pocas fotos en grupo. Entonces sí que tuvimos que volver sin más remedio al Centro. Nos esperaba la bandeja de las 19:00.

Sólo me resta, a los humildes cofrades arraigados y edificados en Cristo del Perdón y en la Virgen de la Esperanza, y a los voluntarios de la Pastoral Penitenciaria de Jaén, agradecerles, más que el convite, la gran cantidad de valores cristianos y cofrades que nos transmitieron durante toda la convivencia.

Esperanza Jaén, Esperanza de Linares, Esperanza de todos, el Viernes Santo pasado os fallé. Intercede por mí para que mi hombro pueda llevar a Tu Hijo este año.

Miguel Ángel García Moreno, a cinco de abril de dos mil dos, tras veintiún meses de prisión.