SALIDA EN PROCESIÓN EL MIÉRCOLES SANTO

“INOLVIDABLE MIERCOLES SANTO”

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No habíamos terminado la procesión cuando María José y Sor Carmen me dijeron de escribir unas líneas contando mi vivencia en esta mi primera salida junto al paso de Jesús del Perdón. Naturalmente dije sí y es por ello que ahora me encuentro delante de esta hoja en blanco donde procuraré reflejar como mejor pueda todo lo vivido el Miércoles Santo día 20 de este año 2011. Antes de comenzar quiero pedir perdón por adelantado si no soy capaz de narrar con toda fidelidad lo acontecido ese día pues aunque pueda resultar raro al lector, es complicado para mí describir con exactitud todo lo sucedido ese día. Y no lo digo por relatar a modo de itinerario todo el recorrido, me refiero al aspecto de los sentimientos, de las emociones surgidas y sobre todo del examen de conciencia que hice cargando con la cruz, vestido de penitente y haciendo el recorrido detrás de nuestro Jesús del Perdón.

Primero quiero presentarme, disculpen por no hacerlo antes, me llamo Antonio Camacho y soy un interno del Centro Penitenciario de Jaén. Yo, aunque cristiano católico nunca había procesionado en Semana Santa ni en nada que se le parezca, lo que sí hice fue desviarme del camino que nos marca Dios y acabé con mis huesos en prisión. Aquí en el Centro tenemos la gran suerte de contar con Pastoral Penitenciaria (Dios bendiga el día en que los conocí). Ellos en fechas anteriores a la Semana Santa tuvieron a bien llevarme el día 2 de Abril tanto a mí como a otros compañeros internos a una salida programada a Jaén y este día fue en realidad una convivencia con miembros de la Cofradía de Jesús del Perdón. Ellos nos acogieron con auténtico espíritu cristiano y nos hicieron pasar unas horas en familia, pues con su cariño y afecto así me hicieron sentir.

Ese día Sor Carmen me dijo que si quería salir en la procesión del Miércoles Santo aprovechando que para esa fecha ya estaría de permiso, la verdad es que acepté con ilusión pero también preguntándome dónde me había metido. No me extiendo más en ese día pues ya mi compañero hizo un escrito que ustedes pueden leer en esta misma página de Pastoral Penitenciaria y además no es mi cometido. Pero me ha parecido conveniente contarles esto para que entiendan como yo, que nunca he tenido contacto con el mundo cofrade, me vi rodeado por el.

Los preparativos en el Centro Penitenciario

Era por la mañana, estaba terminando de desayunar en mi módulo que es el 7 de respeto y nuestro Educador Dº Jesús venía cargado literalmente con los tres trajes de penitentes que nosotros nos íbamos a poner el día de la procesión. Como siempre Dº Jesús nos ayudó en todo, no solo en traernos los trajes, también nos llevó al taller de sociocultural donde Dª Antonia está realizando un taller textil para que allí nos probáramos las túnicas que tan amablemente nos prestó la Cofradía. Se pueden imaginar allí mis compañeros y yo probándonos todo y Dª Antonia haciendo encaje de bolillos para que todo nos estuviera bien, metiendo por aquí, planchando por allá. Que raro me veía vestido así, sobre todo con la capa que no sabía como manejarla pero por fin todo se dispuso y ya teníamos todo bajo control. Por la tarde llegó Mª José que quería vernos vestidos y nos explico los últimos detalles de cómo quedar en Jaén, cuando nos esperaban en la Iglesia de Cristo Rey, etc. Era digno de vernos en la galería donde están las celdas vestidos de penitentes y dándonos el visto bueno. La verdad es que era chocante el espectáculo visual pero para nuestros compañeros extranjeros era una visión surrealista, sobre todo para lo que son árabes que se nos acercaban y nos preguntaban por el significado de la túnica, de sus colores, etc.

La mañana del Miércoles Santo

Iba montado en el autobús que me llevaba a Jaén, ya divisaba a lo lejos la figura de las torres campanarios de la Catedral cuando recibí una llamada al móvil, era mi muy querida Sor Carmen “¿dónde estás?” me preguntó con ese tono guasón y enérgico con el que ella siempre habla, porque nuestra monja no es de estas monjitas que hablan de ese modo suave, pausado casi imperceptible. No, ella es una mercedaria de armas tomar, palabra contundente y clara que si por algún motivo tiene que decirte algo, Dios sabe que no tiene ningún pelo en la lengua. “Llegando a Jaén” conteste y ella me dijo que a las dos en punto estuviésemos mi amigo Miguel y yo en la misma puerta de la Catedral., así lo hice obediente como un soldado japonés y puntual como un hijo de la Gran Bretaña.

Nos recibieron con un abrazo y marchamos a por el coche y nos dieron la primera sorpresa agradable del día, nos llevaron al bar de Juanlu, un amigo que afortunadamente ya está en tercer grado y se gana la vida honradamente con su trabajo. Llevaba varios meses sin verlo desde que se marchó del Centro y me alegró enormemente volver a estar junto a él pues daba gusto de verlo feliz en su negocio y rodeado de su familia. Nos abrazamos con fuerza y con una sonrisa de oreja a oreja nos presentó a su familia, también su negocio y nos acomodó como si fuésemos auténticos reyes en una sala donde ya estaba dispuesta una gran mesa con todo tipo de viandas, que daba gusto verlas y comerlas. Allí estuvimos riendo, brindando, charlando y pasando un rato de los que siempre se recuerda con cariño, la mesa la componíamos Mª José, Sor Carmen, Francisco con su pareja, Miguel, yo y también Juanlu y su familia que iban y venían con bebidas, comida y siempre con una palabra amable y cariñosa nos preguntaban por amigos del Centro y nos contaban como les iban las cosas con el negocio.

Sobre las tres de la tarde se puso a llover y excepto yo, todo hay que decirlo, los demás comensales empezaron a decir que no saldríamos por culpa de la lluvia, que vaya pena, que haríamos, o sea negativos totalmente pero no se porqué yo tenía el convencimiento de que no llovería y así fue. Como aprendí hace mucho tiempo la esperanza es lo último que se pierde y todo salió a pedir de boca ya que desde el mismo momento en que desde la iglesia de Cristo Rey salió la Cruz de guía el tiempo fue inmejorable.

Camino de Cristo Rey

Sobre las cinco nos fuimos en coche en busca de donde aparcar cerca de la Iglesia, después de varias vueltas por fin encontramos sitio en una zona azul, por cierto al regresar después de la procesión nos encontramos con que había una multa que tan generosamente alguien de la autoridad nos regaló. Allí, no os lo perdáis, empezamos a vestirnos con las túnicas en plena calle, la gente que pasaba se nos quedaba mirando como si fuésemos bichos raros, yo no sabía de que color ponerme la verdad. Caminamos hacia la entrada de la iglesia y allí nos estaban esperando, muy amablemente nos dieron las gracias por estar allí un día tan importante para ellos y nos condujeron a unos bancos donde poder sentar hasta que nos tocara salir y cerca de las cruces de madera que llevaríamos.

La Iglesia estaba llena de penitentes, costaba dar un paso por la cantidad de personas relacionadas con la Hermandadque estaban allí aguardando a que la Junta de Gobierno decidiese si se salía o no. Lo que más me impresionó fue el ambiente que había me atrevo a decir de “sobrenatural” pues la luz penetraba tenuemente por las vidrieras y el incienso hacía el efecto de una nube muy disipada que envolvía el interior del templo sobre todo en los altos techos , el olor era penetrante y hacía mucha calor. La expectación era grande y en el ambiente se notaba los nervios típicos de haber realizado un gran y prolongado esfuerzo durante un año y no saber qué iba a suceder. En el interior nos reunimos con Dª Antonia y su hijo, varios miembros más de Pastoral Penitenciaria con familiares, todos ellos también vestidos con las túnicas blancas, capa, fajín y capucha morada. Ya estábamos todos juntos, algunos más nerviosos que otros hasta que por fin se decidió la salida. La ovación fue tremenda, todo los allí reunidos se abrazaban, aplaudían e incluso llegué a ver alguna que otra lágrima por la emoción pues es cierto que no siempre se llora por pena.  Las cámaras de Canal Sur intentaban no perderse detalle de cuanto allí sucedía y la verdad es que yo también intentaba grabar en mi retina todo cuanto acontecía para saborear al máximo esta experiencia única para mí.

Salida de los tronos de Cristo Rey

Tanto la cruz de guía, como los penitentes y el paso de Cristo del Amor en su Prendimiento enfilaron para una inmensa puerta por donde se realizan las salidas, yo que tantas procesiones había vivido desde fuera tenía ahora la inmensa fortuna de vivirlo desde el interior y he de confesar que era sobrecogedor ver el esfuerzo casi sobrehumano que los costaleros tuvieron que hacer  con ayuda de los capataces para sacar ese paso tan imponente por la puerta del templo. La expectación tanto dentro como fuera de la iglesia era increíble, con elegancia y saber hacer empezó muy poco a poco a salir el paso a la calle y entonces la banda de música tocó una marcha mientras los allí reunidos aplaudían fervorosamente.

Entonces nos llegó el turno a nosotros, nos colocaron detrás del paso de Jesús del Perdón, mi corazón empezó a acelerarse ya que todo era nuevo para mí y las emociones que invadían mi ser me eran desconocidas. Paso a paso, cargado con una cruz de madera, rodeado de mis amigos y amigas porque para mí todos los que iban conmigo lo eran comenzamos la procesión en el interior del templo. Aunque os pueda parecer raro, no fue hasta ese momento cuando empecé a rezar al Cristo pues con los nervios y la emoción había estado pendiente a todo cuanto me rodeaba pero ahora que ya estaba detrás de Jesús del Perdón, mi mente se centró en él.

Al verlo maniatado, con el rostro compungido se conmovió algo muy dentro de mí pues me hizo recordar cuando en su día me llevaban esposado al juzgado, esto que os cuento es algo que solo puede llegar a entender el que por desgracia ha pasado por esta misma situación. Pero no os digo esto solo por el hecho de haber vivido la experiencia del apresamiento, las esposas, la celda o el juicio, era porque ese Cristo al que yo humildemente acompañaba  se llama del PERDÓN y eso era lo que mi alma pedía, perdón por todos mis pecados, por mis errores y por cuanto hice sufrir a mi familia, a mis seres queridos y extraños.

El hermoso paso dorado que con tanta delicadeza portaban los costaleros se acercó a la enorme puerta donde tantos vecinos de Jaén  esperaban con amor sincero el reencuentro con Jesús. Cuando empezó a salir el silencio se hizo intenso, me maravilló ver como conseguían sacar el paso con facilidad aparente pues era enormemente complicado todo cuanto hacían y encima los movimientos que realizaban estaban llenos de elegancia y distinción, conscientes de que llevaban sobre sus hombros a Cristo.

Cuando al fin nuestro Señor se reunió con sus hijos la ovación fue enorme, tanto que casi conseguían tapar la marcha que la banda de música tocaba en honor de Jesús del Perdón. No tengo capacidad para describir los sentimientos que me embargaban en ese momento pues era algo que superaba la alegría o la tristeza, era  muy íntimo y por encima de todo con mucha fuerza e intensidad, no lo olvidaré nunca.

Por las calles de Jaén

Como no soy de Jaén me van a disculpar ustedes que no me sepa los nombres de las calles y avenidas por las que procesionamos, pese a ello continuo con mi relato. Cuestas Dios mío, cuantas cuestas hay en Jaén que a mí se me antojaban eternas sobre todo porque soy de llano. Pese a todo las calles estaban a rebosar de gente que se agolpaban para reunirse con Jesús por las calles de su ciudad, niños, jóvenes, adultos, ancianos, mujeres, hombres, de pié, sentados, en carritos de bebes, en silla de ruedas, daba igual, multitud de personas esperaban impacientes la llegada de nuestro redentor. Cuando veía las caras de las personas allí congregadas pensaba que todos ellos al igual que yo pedían por sus familiares o amigos, por ellos mismos, probablemente también habría quien pediría perdón por sus faltas o quienes en la soledad de su vida diaria tuviesen alguien con quien compartir el camino de la vida. Son tantas las necesidades del ser humano y como siempre nosotros acudimos al que nunca nos abandona, al que siempre nos escucha, nos ayuda y perdona, al que siempre nos quiere sin pedir nada a cambio, siempre acudimos al que por AMOR entregó su vida para redimirnos y darnos así ESPERANZA, imploramos  y rezamos a JESUCRISTO.

Al subir por una calle empezamos a llegar al cuartel de la guardia civil, allí con los guardias uniformados y en posición de firmes recibieron a nuestro Señor con todos los honores, entonces los costaleros ordenados por los capataces poco a poco giraron el paso hasta ponerlo de frente a la puerta del cuartel y así presentándose respeto mutuo colocaron un hermoso ramo de flores a los pies de Cristo. Continuamos poco a poco calle tras calle pero casi siempre cuesta arriba, entonces al girar una calle vimos a un compañero de penas de prisión con su novia al cual se le saltaron las lágrimas al vernos. Pero no fue al único amigo al que vimos, tuvimos la suerte de encontrar a unos cuantos más que al vernos se nos acercaban y abrazaban muy emocionados. Por cualquier calle que pasábamos el escenario era el mismo, multitud de personas se agolpaban como podían en aceras, poyetes o balcones, cualquier sitio valía con tal de ver a nuestro Jesús del Perdón y rezarle, pedirle, darle gracias o brindarle flores que echaban a sus pies.

Recuerdo con mucho agrado algo que hacía uno de los capataces que marchaba en la parte posterior derecha del paso, cuando alguien lanzaba flores este capataz cogía parte de esas flores y las depositaba cuidadosamente detrás del paso. Cuando pasábamos cerca de alguna persona que estaba en silla de ruedas, él cogía una flor y se la entregaba a esta persona con una sencillez y caridad cristiana incomiable. También hacía esto con bebes, depositando con cariño sobre el carrito una flor y con otras personas muy mayores que se esforzaban pese a sus achaques a rendir homenaje a Jesús. Este hecho me sorprendió enormemente y me dio una lección importante pues lo que a simple vista puede parecer poco lo que daba, todo aquel que recibía la flor agradecía con una sonrisa limpia el regalo recibido, tanto los adultos como los padres de los bebes.

Así seguimos calle tras calle, recuerdo emocionado que en una nos llamaron a los que estamos presos y nos invitaron a ponernos delante del paso, el capataz pidió por todos los presos y por nuestras familias, entonces Juanlu tuvo el honor de dar el martillazo y todos los costaleros como si fuesen un solo hombre levantaron al cielo jienense a nuestro Jesús del Perdón, he de confesar que se me saltaron las lágrimas y un nudo en la garganta me impidió hablar con el hermano mayor de la cofradía que en ese momento me saludo con afecto y cariño.     

Es de justicia contar que tanto Dª Antonia, como Sor Carmen y Mª José estuvieron siempre pendientes de nosotros, cada vez que alguno de nosotros miraba para atrás alguna de ellas venía y nos preguntaban si queríamos algo, si teníamos sed o si nos dolía el hombro por la cruz o los pies por el camino. Mª José se salió de la procesión, sin embargo, no nos dejó y caminaba entre la gente siempre a nuestro lado, comprándonos caramelos o lo que necesitásemos. Doy públicamente gracias a estas tres mujeres que tanto hacen por nosotros dentro y fuera de prisión, que tanto hacen por mí sin pedir jamás nada a cambio y dándome una lección de vida impagable.

Aproximadamente cerca de la calle Bernabé Soriano vimos a nuestro educador Dº Jesús y la verdad es que pasó algo muy gracioso porque nos saludo y su mujer que es Dª Antonia me dijo “qué discreto es mi marido”, y en verdad lo era porque llevaba un polo a rayas de colores chillones que se le veía a la legua, vamos que por mucha gente que había en la calle él destacaba de entre todos. Al poco se nos acercó y nos preguntó como estábamos y si terminaríamos todo el trayecto a lo que le contestamos que sí. Cuando nos despedimos del él, sé que se marchó orgullo de nosotros pues los tres compañeros que procesionabamos somos del módulo 7 de respeto, el módulo que con tanto esfuerzo, coraje y cariño todo hay que decirlo, creó él, Dº Jesús, que hasta el nombre le acompaña.

Así paso a paso fuimos recorriendo nuestra estación de penitencia en la cual aproveché para hacer examen de conciencia, dar gracias a Dios por poner en mi camino a personas maravillosas que tanto me han ayudado en el peor momento de mi vida, pues aunque pueda parecer extraño en prisión he encontrado a personas que me quieren  como soy y me retan para que con esfuerzo y estudio me convierta en un hombre digno. También pido a Dios ayuda tanto para mí como para mis dos hijos, mi esposa y demás familia y amigos.

Sería muy largo relatar todo el recorrido de penitencia pero cuando ya estábamos terminando bien entrada la noche , fue en ese momento cuando me pidieron que hiciese este escrito para todos ustedes. Al aproximarnos a la entrada de la iglesia de Cristo Rey, nos invitaron a abandonar la procesión para así mejor ver la gloriosa entrada de Jesús del Perdón en su templo después de haber sido venerado por las calles jiennenses. La entrada fue abrumadoramente emocionante pues os garantizo que viví momento inolvidables. Esa misma tarde había salido de ese templo con un alma y después de terminado el camino de penitencia entré a ese templo con otra alma, habiendo echo un camino de transformación.

Para terminar solo me queda decir dos cosas, una dar mis más sinceras gracias a la familia cofrade de Jesús del Perdón en especial al hermano mayor y a su esposa. Y por último una reflexión, me pregunto si después de esta experiencia he cambiado, si a partir de ahora seré una mejor persona, mejor cristiano. Recuperaré a esas personas que tanto amo y perdí , podré yo también perdonar a quienes me abandonaron cuando más los necesitaba, las respuestas a estas preguntas solo Dios las sabe, lo que sí se es que allí donde yo hice daño, a quienes sufrieron por mi culpa y solo por mi culpa yo pido PERDÓN.

ANTONIO CAMACHO